Gorilas en la niebla

Un caso de impericia

Una persona valiosa tiene que estar disponible, localizable siempre. Mientras tanto, un diplomático mexicano sigue tocando una puerta en Washington, pero nadie le abre.

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amlo ebrard trump

Hoy en día es imperativo estar conectado a La Red 24 horas al día y 7 días a la semana. Eso es prácticamente una ley en el caso de la gente que se dedica profesionalmente a una labor vital, ya sean los negocios, la política, la medicina o el periodismo. No hay pretexto alguno y no hay vuelta  de hoja. Una persona valiosa tiene que estar disponible, localizable siempre.

Este 4 de junio, El Financiero nos da cuenta de que el presidente norteamericano Donald Trump intentó comunicarse telefónicamente con su homólogo mexicano, pero le fue imposible hacerlo porque el titular del Poder Ejecutivo mexicano no disponía de señal en ese momento, ya que estaba de visita en Ocosingo, territorio siempre destacado por su fenomenal atraso en todos los sentidos.

Independientemente de donde estuviera ubicado él mismo, el hecho es que nadie de su equipo pudo resolver ese problema, y Trump, nada menos que Donald Trump, se quedó esperando y con el teléfono en la mano.

No habría nada que criticar ni que discutir si se hubiera tratado de una llamada de Navidad o de cumpleaños, pero se trataba de discutir el tema de los aranceles, los famosos aranceles.

Poco después vino la negativa a asistir a la reunión del G20.

El verdadero problema son las prioridades. Se trata -porque el criterio en este caso así lo indica, como si México brotara de la película Nosotros los pobres– de abordar con enjundia  lo micro, lo ranchero, lo prescindible, como por ejemplo una entrega de semillas en un caserío inhóspito, y se dejan de lado las cuestiones que competen a la política de rango internacional. Es decir: se gasta la pólvora en infiernitos. Mientras tanto, un diplomático mexicano sigue tocando una puerta en Washington, pero nadie le abre. Lamentable escena. Más que lamentable. Ojalá este tren no se descarrile.