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“Con 18 años querías estar en la misma disquera que NOFX”: Una entrevista con Eumir de Bigspin

Bigspin se formó en 1997 y se le recuerda como una de las bandas emblemáticas del punk melódico mexicano. ...Be Good To Yourself cumple 20 años, y es uno de los discos esenciales de la escena.

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Antes de que internet nos ordenara qué música escuchar, se acostumbraba salir de casa a comprar discos (originales, sí era posible), para después contemplar el arte del CD, leer los agradecimientos y memorizar las bandas mencionadas. Así di con Bigspin, a inicios del siglo XXI (aunque suene muy ambiguo, como si fuera la edad de las cavernas). No obstante, sigo sin recordar si fue en Que tiene, álbum de Gula; pero el CD …Be good to yourself, lanzado por Bigspin en 1999, lo encontré en el mercado Fundadores en Monterrey, en el local de Yori Records, cuando me acercaba para enterarme qué cosas había traído –o le enviaron– desde el DF.

Años después, en el verano del 2012, por mi pasado de emo violento o lo que haya sido y se asocie al mundo musical del punk, gracias a un amigo en común (Mito Del Desierto, ex vocal de It’s Now), viviendo por segunda ocasión en la Ciudad de México conocí a Los Chayos, quienes eran una pandilla de skates/hardcoreros/salseros –nunca los vi como una secta, no era necesario que fueras de una forma en específico para ganarte su amistad– que tocaban en Picking Up The Pieces y Sankinpankin, ambas bandas ligadas al hardcore y punk de la zona norte.

Y Fers, ex guitarrista de Picking…, que hoy radica en Tijuana y se dedica a hacer tatuajes, un día de esos en los que salía con él y los demás Chayos a vagar, algunos embrutecernos con Tecate Rojo y cantar corridos como “El Águila Blanca”, me mencionó que estaba tocando con Us Against The Word, un proyecto parecido a Tsunami Bomb, donde participaba “Eumir, uno de los de Bigspin”, que fue como me lo recalcó.

Para esas fechas he de aceptar que me imaginaba a la escena musical de punk y hardcore de la Ciudad de México tan inmensa como lo es la metrópoli, y también separada por tanta gente involucrada hablando bien y mal de alguna banda, algún crew, etcétera. Sin embargo, y conforme asistía a los shows y los afters, entendí que a quienes uno admiraba de adolescente –por los discos que dejaron para la historia y marcaron e influenciaron a muchos otros– seguían siendo ellos mismos, seguían creando música, y podías compartir charlas interesantes o simples estupideces.

Por esa razón, veinte años después de que uno de los álbumes que trazó el estilo del punk melódico en el país, decidí reunirme a charlar con Eumir, voz y guitarra de Bigspin, para saber su historia, cómo esa etapa lo motivó para formar parte de otros proyectos (Crimen o Narcoestado), entre otras anécdotas que están enclaustradas en las once canciones de …Be good to yourself.

Bigspin se formó en 1997 y ahora se le recuerda como una de las bandas emblemáticas del punk melódico mexicano. ¿Cómo llegó ese estilo musical al antiguo DF?

Eumir: Hay varias versiones, todo depende a quién se le pregunte. Pero, desde mi punto de vista, fue lo mismo que pasó en otros lados: dar con The Offspring y Green Day en MTV fue la clave. Eso se dio por 1994, cuando salieron [los discos] Smash y Dookie. A partir de eso hubo un boom. Sin embargo, nadie sabe cómo llegó el punk melódico al D.F. Lo que sí recuerdo, es que cuando yo empecé a oírlo [alrededor de 1994], ya tenía cuates que les gustaban The Vandals. De hecho, aquí [Ciudad de México] ya tocaban Spalding Gray y Axpi, como desde 1991-1992.

Tú y los demás integrantes de Bigspin seguramente venían de otros proyectos que comenzaban a relacionarse con el skate punk, como también se le conoce al punk melódico. ¿De qué otros estilos musicales venían ustedes?

En aquel tiempo [1994] se escuchaba a Nirvana. Pero en 1997, cuando nos juntamos para hacer Bigspin, veníamos de dos bandas. Más bien, Bigspin ya había empezado: eran Ros, Víctor y Toño. Ellos comenzaron el proyecto con un bajista que ya no siguió tocando, el Panqué, que es famoso en las patinetas; por eso el nombre de bigspin [truco del skateboard]. Después entró un nuevo bajista, Miguel, que posteriormente haría su proyecto: Giforen. Y, por el otro lado estábamos Miguel [no el de Giforen] y yo que, junto con otro amigo, teníamos una banda llamada Nihilismo.

Yo vivía en Colinas del Sur, que está subiendo a Santa Fe. Lo curioso es que no conocíamos a las demás bandas como Gula, Axpi y Spalding Gray que ya estaba activos. Nos conocimos cuando me cambié de escuela. Así di con Mike, German y Normand, quienes formaron Ducto. Esos güeyes ya eran cuates de Lalo, baterista de Gula. Entonces, en alguna fiesta Lalo y yo nos topamos, platicamos, intercambiamos teléfonos y me avisó que Bigspin estaba buscando integrantes [guitarra y bajo]. Miguel y yo fuimos a un ensayo y nos quedamos. Eso, si no me equivoco, fue por noviembre de 1997.

Ya que cuentas que conociste a integrantes de Ducto y Gula, ¿qué crees que tenía el punk melódico en aquella época, para que hubiera un boom tan grande? Si no me equivoco, en aquellos años (1997-1998), en la música underground de la Ciudad de México había shows de anarcopunk, estaban los masivos de ska fusión, las tocadas del DFHC, entre otras cosas.

Así es, pero los shows no estaban tan divididos. Me acuerdo que podías ir a una tocada y se presentaban grupos de ska, junto con otros de anarcopunk, hardcore, etcétera. Todo estaba mezclado. Pero, para que el punk melódico sobresaliera, según yo sí tuvo que ver mucho MTV. También que quienes estaban involucrados patinaran y, por supuesto, la estética [californiana]. Nos identificábamos con que ibas patinando y escuchando a Pennywise [risas]. En mi caso, lo que  me marcó, es que era una música que no conocía.

El punk melódico era una música rápida, era como el sonido predilecto de la adolescencia.

Sí, aunque hoy en día se me hace más fácil pasar de Nirvana al emo [risas]. Pero cuando en 120 minutos [programa de MTV] salió un video de NOFX, y luego otro de No Use For A Name, fue decir: “¿Qué es esto? ¡Está rápido! ¡Está feliz!”. A raíz de eso, y creo que por lo que transmitía la música, se hizo una cosa muy chida entre las bandas de la Ciudad de México y otros lados; nos empezamos a conocer y salíamos a patinar, a irnos a fiestas y tocadas. Era algo muy gringo.

Antes de lanzar su álbum …Be good to yourself en 1999, ya habían grabado un demo. ¿Cuántas canciones del demo formaron parte de su primer disco de larga duración?

Si no me equivoco en el demo venían ocho rolas, y seis se fueron al disco, junto con otras cuatro nuevas. Incluso, al final metimos una rola escondida que iba a salir en un compilado que nunca se armó.

Entonces desde su demo ya traían esa línea musical de ritmos rápidos y melódicos. ¿Bigspin a qué quería sonar?

Según yo, lo que nos pasó a nosotros, que no sé si fue algo en general para las demás bandas del punk melódico [mexicano], es que si escuchas …Be good yourself te podría ir diciendo a qué sonaba cada una de las canciones. Por ejemplo, descubríamos a Assorted Jelly Beans, nos gustaba un chingo y hacíamos una rola parecida a ellos. Luego teníamos nuestro momento MxPx y componíamos algo similar. Por esa razón, ese álbum está muy variado.

En aquel entonces uno asociaba a las bandas mexicanas con las de Estados Unidos o de otras partes del Planeta. 301 Izquierda sonaba un poco a AFI. El primer casete de Gula estaba muy Guttermouth. Y Bigspin, con …Be good to yourself tenía un sonido más complejo, como muy Satanic Surfers por el estilo rápido y pausado.

Sí, por supuesto. Era algo que intentábamos. Que nos saliera es otra cosa [risas]. De hecho, cuando grabamos …Be good to yourself, Enrique, quien nos grabó, hizo que le bajáramos a la velocidad de las canciones. Nosotros queríamos que fuera en chinga, como tocábamos en vivo.

Justo es eso, sí tocabas más rápido…

¡Eras más chido! [risas]

Eso iba a decir. ¿Dónde y cuánto tiempo se tardaron en grabar …Be good to yourself?

Lo grabamos en mi casa, que era nuestro lugar de ensayo. Nos tardamos como una semana, tal vez un poco más. Enrique llevó su computadora, micrófonos y demás equipo para la grabación. En la etapa de preproducción fue a los ensayos y nos dio algunos consejos: un par de cambios en las estructuras de las canciones y, como te comentaba, bajarle un poquito a la velocidad. También, a la hora de grabar las voces, me pidió que no cantara tan rasposo, que sonaba mejor limpio.

Ahora, de la transición del demo a …Be good to yourself, ¿qué tanto les ayudó el demo para conocer más gente, salir a tocar y finalmente grabar el álbum?

Esa etapa fue muy cagada. El Demo lo grabamos en el estudio del papá de Normand [Ducto], en un solo día. La grabación, sino me equivoco, la hicimos a mediados de 1998. Entonces, un sábado se la llevamos a Tajobase, a su puesto que tenía en el Chopo. Era la época que ibas ahí a dejar tus rolas para que te invitaran a tocar.

Todos en ese tiempo solíamos ir cada ocho días al puesto de Tajobase. Ese güey era el que traía toda la música relacionada al punk melódico. Quién sabe cómo conseguía hacer eso, pero lo chido era que siempre, en sus casetes, metía canciones extras. Así regresabas a preguntarle qué banda era. Seguramente ese era su truco [risas]. Lo que pasó, es que un día de esos le dimos nuestro Demo, y una semana o un mes después me habló por teléfono para comentarme que iba a venir a tocar Fun People. Me preguntó si queríamos abrir el show. A nosotros nos gustaba un chingo Fun People y fue cuando sentimos que algo estaba pasando con Bigspin. Poco después, Tajobase nos preguntó si queríamos grabar un disco con su sello: Tajobase Zoot Suit Records. Ni lo pensamos y dijimos que sí.

En aquel entonces, todavía era muy difícil que te propusieran hacer un disco independiente.

Nadie te proponía algo así. Las disqueras que decían ser “independientes” eran como Culebra Records, que únicamente buscaban rock mexicano, rock en español. Ahí estaban Cuca, La Lupita, esas cosas. Entonces, ahí, a nosotros nunca nos iban a hacer caso. Aunque creo que Gula sí sacó algo con ellos.

Gula sacó Qué tiene, pero si no me equivoco salió con Opción Sónica.

Sí, es cierto. Pero bueno, a Tajobase le dijimos que sí, que hiciéramos el disco, y pues ese güey nos empezó a llevar a tocar a un chingo de lados, a otras ciudades. Lo que fue finales de 1998 y principios de 1999, estuvimos tocando bien seguido. Íbamos a Oaxaca, Durango, lugares así.

¿En qué tipo de shows se presentaban?

Eran toquines de punk muy raros. Me acuerdo de una mini gira que hicimos con Palmera Kanibales, unos venezolanos que tocaban ska; también iba Desobediencia Civil. Te digo que estaba raro, porque Tajobase venía de la escena anarcopunk, pero mezclaba de todo. Imagínate, íbamos en el mismo camión con Desobediencia Civil y Palmera Kanibales [risas]. No había ningún pedo y nos llevábamos chido. Obvio Desobediencia Civil tenía un pedo más directo, con más discurso; pero tampoco es que todos los demás fuéramos ajenos a eso. A mí, en lo personal, en esa época descubrí el Less talk, more rock, de Propagandhi. Así, de alguna forma, encontré el anarquismo, el feminismo u otras cosas que me cambiaron la vida.

¿Qué paso cuándo finalmente salió …Be good to yourself?

El disco salió a finales de 1999. Se empezó a mover, pero de una forma muy leve. Lo vendía Tajobase en su puesto, nosotros lo vendíamos en nuestras tocadas, y seguíamos yendo a varios lugares del país a presentarnos. Sin embargo, tampoco es que estuviera pasando algo muy cabrón.

Algo curioso que le sucedió a Bigspin gracias …Be good to yourself, es que pudieron tocar en el Festimad, un festival español donde compartieron escenario con Slipknot o Biohazard.

Sí, pero eso llegó hasta el 2001. Lo que pasó es que una amiga nuestra era amiga del organizador del Festimad. Ella le mandó el CD, le gustó y nos propuso que fuéramos a tocar. Estábamos muy chavos y no entendíamos lo que pasaba. Nosotros pagamos los vuelos y ese güey, el organizador, nos dijo que allá en España nos darían dinero, hospedaje, entre otras cosas.

¿Crees que la invitación al Festimad se dio porque …Be good to yourself es un álbum que en su mayoría se cantó en inglés, y que también ustedes eran de las pocas bandas que tocaban punk melódico en México?

Puede ser. Pero según yo, en España había más bandas cantando en inglés. Aunque lo chido fue que cuando llegamos a Madrid nos contactaron con los de Slide Chorus Records, quienes editaban a G.A.S Drummers. Entonces, creo que para ellos ya era más normal toparse con una banda cantando en inglés y haciendo punk melódico. Sí, a lo mejor se les hacía raro que fuéramos mexicanos, pero en México cantábamos en inglés por las influencias que teníamos y, por supuesto, era algo que no nos cuestionábamos tanto.

También agregaría que ustedes y otras bandas del punk melódico mexicano cantaban en inglés, porque tal vez tenían la ilusión de que Epitaph, Fat Wreck Chords, Nitro, etcétera., en algún momento se fijaran en ustedes.

Sí. Hacíamos eso porque eran muy pocas bandas las que estábamos tocando punk melódico. Y sí hubiera sido un sueño cumplido llegar a un sello gringo. Con 18 años de edad querías estar en la misma disquera que NOFX [risas].

¿Qué experiencias les dejo ese viaje al Festimad?

Lo más chido fue que pudimos ver a Randy en Madrid, en un lugar más pequeño que el Alicia, donde había como veinte personas viéndolos tocar. En aquel entonces, Randy era de nuestras bandas favoritas. Sin embargo, también en ese viaje todo empezó a valer madres. Justo por esos días, algunos nos empezamos a inclinar por el anarquismo. Lo menciono porque cuando llegamos a España fuimos a La Idea, un espacio alternativo que era de los güeyes de Sin Dios. Ahí había un chingo de libros.

Uno de los problemas que tuvimos, fue que nos asignaron un manager que no sé de dónde salió. Ese güey estuvo con nosotros todo el viaje, lo conocimos en el aeropuerto de la Ciudad de México. Y cuando íbamos a tocar en el Festimad hacia un buen de calor, por lo que “el manager” empezó a exigir que nos pusieran ventiladores [risas]. Unos dijimos: “Esto está bien chafa”. Y, en cambio, otros estaban felices. Eso y demás cosas hicieron que después de un tiempo nos separáramos.

De hecho, …Be good to yourself se estuvo distribuyendo en Europa.

Sí, Slide Chorus Records se encargó de moverlo por allá. Pero lo que realmente sucedió fue que nosotros llevamos como cincuenta CD’s, para intentar venderlos. El dueño de esa disquera nos propuso editar el disco. Le dijimos que hablara con Tajobase, ya que no sabíamos nada de eso. Y lo que pasó es que nunca se concretó: no llegaron a un acuerdo por derechos y dinero.

También sacaron un video, el de la canción “Hi, hello”. ¿Cómo se dio esto? ¿Querían lograr más cosas que únicamente sobresalir dentro del underground?

Cuando salió el video Bigspin ya no existía. Lo grabamos en 2006, con una alineación ya muy rara [risas]. Hicimos el video porque, quien era mi novia en esa época, estaba estudiando dirección de cine.

No queríamos sobresalir por haber realizado un video. Jamás lo vimos así. El video sólo lo subimos a YouTube y no pensamos en enviarlo a MTV, Telehit o cosas así. Fue un ejercicio que le dejaron hacer a mi ex y nosotros la ayudamos.

Por último, ¿en el presente qué tipos de comentarios reciben gracias a …Be good to yourself?

No recibimos tantos comentarios. Más bien, casi siempre salen los recuerdos entre amigos, o también algunas veces en las tocadas. Nosotros, como Bigspin, hicimos la música que en ese momento queríamos hacer. No esperábamos lograr más. Nos gustaba mucho ser parte de la escena de punk melódico. Nos daba gusto que también nuestras bandas amigas sacaran sus discos. Competíamos sanamente. Sin embargo, lo que siempre me dicen es que tenían el disco, o que nunca lo consiguieron. De hecho, hace algunos años le comenté a Tajobase que deberíamos sacarlo en vinyl. Sólo que era mucho dinero para la maquila. Pero el plan de que algún día salga siempre ha estado, aunque tampoco es algo que me quite el sueño. El disco está en YouTube. A mí qué me importa que exista físicamente. Para qué chingados usar más petróleo.