Vivimos en las canciones que escuchamos

Una canción puede ser ese salvavidas que nos mantenga a flote, sin hundirnos, en el pesado trajín de la vida moderna. O incluso, puede ser lo que nos salve del olvido, de la pérdida de la memoria.


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¿Qué significa seleccionar una serie de canciones para dárselas a otra persona? Para Rob Sheffield se trata de amor. Y es que tal vez no lo hemos pensado, pero regalar canciones y compartir música es una manera de desnudarnos frente a los otros. Las canciones que escuchamos dicen mucho de uno. En esa actividad van involucrados mensajes que muy probablemente no sabemos cómo decírselos a la otra persona, por eso es que a veces nos identificamos tanto con una canción y pensamos que “dice lo que yo quería expresar, pero no sabía cómo”.

Sheffield, ha sido columnista de la revista Rolling Stone desde 1977 y a mitad de la década de los noventa perdió a su esposa, Reneé, con quien acudía a conciertos y discutían sobre música, además de que los dos escribían para publicaciones musicales. Es decir, su vida personal y matrimonial estaba sustentada en la mutua pasión por la música. Cuando se conocieron, lo primero que hizo Rob fue regalarle una cinta con canciones que a él le gustaban. A lo largo de su relación tenían “mixtapes” (lo que ahora llamamos “playlist”), para cualquier situación, como por ejemplo, lavar los platos, salir al parque, viajar por carretera y hasta para contentarse después de alguna pelea.

Cuando Reneé muere, Sheffield se encuentra con todas esas cintas que se regalaban o que grababan juntos y es a partir de ella, de la música que contienen, que Rob mantiene viva la memoria de ella, reconstruyéndola además con cada escucha, y escribe un libro en el que cada capitulo tiene forma y título de un mixtape.

Vives en las cintas que me grabaste, editado por Blackie Books, es un libro que habla sobre el poder de la música para construir puentes entre personas y momentos de nuestra vida muy difíciles de tumbar. Dice Sheffield que hacer circular la música es una necesidad humana fundamental, y aunque la tecnología cambie, el espíritu permanece. Y tiene razón: Basta voltear a ver plataformas como Spotify para darnos cuenta que su funcionamiento se basa en compartir playlists armados para diferentes ocasiones o estados de ánimo.

Compartir música y canciones es una necesidad humana porque en ellas nos encontramos, y de pasada invitamos al otro a entrar a nuestro mundo y modificarlo de tal manera que los dos podamos crear uno alterno y habitarlo. Es así, compartiendo canciones, como evitamos sentirnos solos y por eso seguimos haciéndolo a manera de listas compartidas, aunque ahora sean las empresas de streaming quienes lo están entendiendo mejor que los usuarios.

En el caso de Sheffield, esas cintas grabadas eran los “botes salvavidas” a los que se aferraba para no ahogarse en el dolor y depresión que le causaba la muerte de su esposa. En el caso de cada uno de nosotros una canción, o una lista de canciones puede ser ese salvavidas que nos mantenga a flote, sin hundirnos, en el pesado trajín de la vida moderna. O incluso, puede ser lo que nos salve del olvido, de la pérdida de la memoria.

En una de las partes del libro Sheffield menciona, de manera estremecedora y real, que cuando muramos nos convertiremos en canciones, nos escucharemos mutuamente y nos recordaremos unos a otros. Y sí: a las personas que han cruzado nuestro camino las recordamos por las canciones que compartimos o escuchamos con ellas en el momento que han estado en nuestra vida.

Hacer “playlist” de canciones es una condición humana, es fundamental y una prueba de amor humano porque vivimos en las canciones que escuchamos.