Cantinflas o la inmortalidad

Somos dueños de un humorismo puro, y un puro humorismo, así es como funciona nuestra historia. Pero este 2018 es distinto. Esta vez, como cada seis años, el futuro nos sonríe mientras el presente nos atormenta.


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Si en México tomáramos al humorismo con la seriedad que se merece, ya hubiéramos establecido el Premio Nacional Mario Moreno Cantinflas, y ya se lo habríamos otorgado a varios personajes célebres de nuestro país, incluido nuestro primer presidente tabasqueño.

Porque el humor tiene su ciencia, una ciencia que se da mucho entre nosotros, y aunque parezca cosa de risa la verdad es que solo a un hombre de vasto ingenio se le puede ocurrir eso de “un minuto, no, menos, cinco”. O aquel juramento imborrable: “Defenderé al peso como un perro”. O sencillamente: “La tierra es de quien la trabaja”. Somos dueños de un humorismo puro, y un puro humorismo, así es como funciona nuestra historia. Y por eso Cantinflas siempre gozará de la más infalible inmortalidad.

Pero este 2018 es distinto, porque implica dos cosas: 1. Un cambio verdadero. 2. Una cuarta transformación.

O sea que esta vez, como cada seis años, el futuro nos sonríe mientras el presente nos atormenta. ¿Qué sigue? Solo nos queda tomar la cosa en plan desmadre y seguir trepados en este parque temático llamado México.