La lucha con orgullo gay: Entrevista con Michael Ramos

Michael Ramos retrata en un documental cinematográfico el mundo de los exóticos, los que portan la bandera de la diversidad sexual en un ambiente dominado tradicionalmente por el machismo como es la lucha libre.

Por: Gabriel Contreras

Michel Ramos

Mientras Cassandro sacude las caderas en medio del ring, suena a todo volumen “No te metas con mi cu cu”.

Las luces señalan al protagonista de la noche, que alza los brazos y  mira  hacia arriba. Su cabello, rubio y rizado, nos remite a la moda de los ochentas, y sus pestañas nos hablan de una elegante coquetería. Él es Cassandro, y su nombre se convierte en un tremendo alarido, que gira en torno a una gran expresión de la diversidad sexual.

Orgullo gay que se traduce en labial, provocación, brillo, medias, y golpes.

Cassandro está orgulloso de portar la bandera homosexual en un ambiente dominado tradicionalmente por el machismo. La lucha es así.

Michael Ramos tiene ya varios años trabajando en el cine  para retratar el  mundo de los luchadores exóticos, cosa que a él le fascina. Es mexicano, se formó en Estados Unidos. Su perfil es de historiador, y su trabajo contar historias. Aunque está bien claro que lo es, Michael no se considera documentalista. Según él, lo que tiene es solo “una intensa curiosidad”. El tuvo la suerte de ver innumerables películas de luchadores en pantalla grande, en Tenancingo, Tlaxcala.

Cuenta que no había otra cosa que hacer ahí durante el verano. Estudió antropología e historia, y en algún momento se planteaba recuperar todas esas historias de los héroes de su infancia, solo que no sabía cómo. Poco a poco, se descubrió a sí mismo haciendo entrevistas. Un día, en Los Ángeles, se le ocurrió contactar a Cassandro, que había ido a luchar a San Francisco. Él le contestó “vente gente para acá”. Así, realizó un cortometraje, que estuvo en un par de festivales y ganó varios premios. Y así también  conoció a Lady Apache, entre muchos otros personajes. Desde ese momento, él ya tenía abierta la puerta para tratar con la crema y nata de los exóticos.

Ramos dice que ellos, los exóticos, empezaron como metrosexuales. Eran, simplemente, luchadores muy finos en sus modos, que hacían enojar al público. “México es muy raro. Somos un país en el que se cometen muchos crímenes de género, pero al mismo tiempo somos muy abiertos ante los luchadores homosexuales”.

El tiempo ha pasado y aquella senda inicial se ha ido convirtiendo en una aventura grande. “Por aquí, en Monterrey, he podido ver a gente con grandes historias que contar. Hay algunos luchadores que no son tan conocidos, pero plantean cosas. He tratado de asomarme a la lucha. Me da gusto poder abordar estos asuntos, y además estoy sentando las bases para que otra gente aborde el tema”.

Michael Ramos nos cuenta que, en  general, la experiencia ha sido muy grata. “He tenido la suerte de que confíen en mí”. Y completa: “Claro, el problema principal ha sido conseguir los fondos, eso no es fácil. Los exóticos se hizo con ayuda de mucha gente. Vendimos luchadores de plástico en las arenas. Metí solicitudes en IMCINE y a Conaculta. Ningún apoyo. Total, que esa película se hizo con el apoyo del público y mis amigos y mi familia. En general, a las películas de Michael les fue bien. Han estado en Biarritz, en Cannes, Brasil, Ecuador, Argentina. “Esto ha sido solo una semillita. El luchador exótico es diferente porque vive en medio del machismo. Ser luchador exótico exige doble valor. Hay gente abiertamente homosexual en el ring, y para ellos el esfuerzo es tremendo.  En su caso, la carga machista y la rudeza del deporte mismo se suman al tema de discriminación sexual. Ellos tratan de demostrarle a la gente formas distintas a lo que marca la normativa. Hay luchadores que se les carga un poco más la diferencia. Estoy seguro que cualquiera sabe que Pimpinela Escarlata se daba fuerte con Doctor Wagner, pero no se le reconoce. No ha habido esas oportunidades para ellos a un nivel grande”.

Michael habla de su futuro:  “Estoy tratando de terminar un documental que se llama La lucha. Ya tengo tres años en eso. Hay mucha gente alrededor de este fenómeno: vendedores de máscaras, souvenirs, los acomodadores en las arenas, promotores. Quiero armar un retrato con todo eso”.

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