Comer, dormir, reflexionar

Mucho de lo que está en juego en esta época nos remite a esforzarse, ganar y presumir logros. Queda poco espacio para actividades benéficas o saludables.


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Compartimos escenarios sociales en los cuales se pone el acento sobre valores como acumular dinero, viajar y compartir las fotos correspondientes, formar parte de tal o cual cuerpo directivo, tener diplomas colgados en la pared. O sea, que mucho de lo que está en juego hoy nos remite a esforzarse, ganar y presumir logros.

Así, tanto en numerosas sociedades americanas como en ciertos países europeos, y sobre todo en Japón y otros países orientales, el furor de la competencia está de moda, y destacar en la rebatinga por el dinero y los méritos es casi una obligación. Es notorio que se dedican muchísimos documentales y reportajes a los nuevos héroes de nuestras sociedades, como los millonarios, los llamados “famosos”, los líderes políticos, los influencers y los programadores y diseñadores que ostentan la condición de superstars.

El placer y el prestigio parecieran existir como meros sinónimos de la cuenta bancaria y las posesiones inmobiliarias, independientemente de que su búsqueda conduzca a la gastritis, el infarto cerebral o la insuficiencia renal.

El dinero y el estatus parecieran merecerlo todo, y las páginas de La Red informan de los lujos, pero no de los desenlaces generados por la pelea por el dinero.

Y en toda esta selva de violencia autoinflingida, queda poco o nada para poner sobre la mesa factores tan poderosos como comer despacio, meditar o dormir a pierna suelta. Curiosamente, son tres actividades radicalmente benéficas y saludables, que pueden mejorarnos radicalmente la vida, pero siempre los cancelamos o los posponemos, porque primero están las imágenes exigidas por la moda y las “tendencias” y después, allá en un rincón, la vida misma.