Musique de merde

Bilborock: la iglesia de la música

En Bilbao, España, hay un edificio con salas de ensayo, espacios y auditorio con toda la infraestructura para realizar conciertos, exposiciones y otras actividades culturales y sociales. Lo interesante es que se trata de una iglesia abandonada.

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bilborock

La música juega un papel fundamental en la sociedad, pero pareciera que solo algunos se dan cuenta, aun y cuando todos somos afectados, directa o indirectamente por ella.  No hay una sola actividad que hagamos donde la música no esté involucrada. Por ende, la repercusión social que está puede tener es muy significativa y hay quienes incluso la utilizan como vehículo de transformación social.

A mi paso por Bilbao, una ciudad que respira rock, me he encontrado con un lugar donde se apuesta por la música como actividad social entre los jóvenes. Se trata de Bilborock, un edificio cultural donde hay salas de ensayo, un auditorio grande con toda la infraestructura para realizar conciertos, y espacios donde se pueden realizar exposiciones, charlas y otro tipo de actividades culturales y de índole social.

Lo interesante de este espacio es que se trataba de una iglesia que había quedado abandonada, y que en los años ochenta había sido ocupada para empezar a hacer conciertos y exposiciones de manera independiente. Nunca llegó a ser una “gaztetxe”, o casa okupa, pero sí mantenía este aire de autogestión hasta que en 1997 se convirtió en Bilborock, un espacio gestionado y dependiente del área de juventud del ayuntamiento de Bilbao.

Incluso antes de ser institucionalizado, ya se llevaba a cabo un concurso de música llamado “Pop Rock Villa Bilbao”, el cual este año llega a su edición número 31 y la idea es dar a conocer todas las propuestas musicales jóvenes que se están gestando actualmente.

Homero Ontiveros

En este lugar la mira está puesta en los jóvenes, aunque tampoco sea una condición, pero sí se trata de involucrarlos y de esa manera incentivarlos a participar activamente de la música y la cultura como otra forma de actividad social. Por eso muchos de los eventos que programan en esta iglesia convertida a espacio cultural se busca que sean dirigidos y hechos por jóvenes, así no solo participan sino que también adquieren una responsabilidad. Parte importante en la gestión y participación cultural. Y en ese afán de acercarlos, Bilbo Rock se ha convertido en un espacio gratuito. Es decir, no solo te ofrecen la infraestructura sino que además lo hacen sin ningún costo.

Este tipo de dinámicas donde se trata a la música y la cultura como un factor social no es algo nuevo, y los resultados están documentados. Aquí mismo en España he conocido otro lugar importante por su intervención social, cultural y del espacio: La Tabacalera, una antigua empresa de tabaco que ha sido reconstruida como un edificio cultural y un centro social. En ella también se hacen exposiciones, charlas y conciertos donde, entre otras cosas, se busca la integración multicultural existente en un barrio como Lavapiés, en el corazón de Madrid. 

Me vienen rápido a la mente el trabajo de otros proyectos como El Sistema en Venezuela, el crew Peligrosos con su escuelita de hip hop apropiada en Medellín, la gente de Tirando Esquina en Monterrey México y muchos otros donde la música es un vehículo de transformación social. 

No deja de sorprenderme el que Bilborock haya sido una iglesia, y después un convento, que terminaría convirtiéndose en un edificio cultural. Su fachada es la de una iglesia, incluso dentro del auditorio el techo sigue teniendo su cúpula y sus torres, con la diferencia de que ahora tienen una iluminación hecha para conciertos de música. Es imposible verla y no pensar que se trata de una iglesia convertida a la religión de la música.  ¿Se imaginan cuántos espacios podrían ser apropiados y convertidos con algún fin similar? Aquí lo importante sería que las autoridades se dieran cuenta de la relevancia de estas dinámicas y ayudarán a gestionar estos espacios culturales, aunque la realidad, al menos en México es que es al contrario: la música es tomada como mero entretenimiento y la cultura es indiferente para nuestras autoridades.

Y sin embargo, nadie puede vivir sin ellas.