El sitio donde me recreo

Hay canciones que nos sacuden por completo y no tenemos idea del por qué, pero hay algo en ellas que conecta en lo más profundo de nosotros a través de las emociones.

Por: Homero Ontiveros

Antonio Vega está sentado en un sillón mediano a mitad de un escenario grande de televisión. Su pelo largo cae sobre los hombros, pero no logran ocultar el rostro absorbido y demacrado por el cáncer. Sin embargo, su voz sale nítida cuando pregunta a dónde nos llevó la imaginación, no pierde fuerza ni emotividad mientras canta y dirige la mirada hacia algún viejo recuerdo o un nuevo pensamiento, pero en ambos casos, hacia adentro.

Su cuerpo parece de papel, frágil al menor movimiento; toma el micrófono con las dos manos y de vez en vez cierra los ojos al cantar. A su lado está Miguel Bosé visiblemente incómodo, ya se acomoda en el respaldo del sillón o cruza la pierna en una serie de pequeños movimientos que no pasan desapercibidos. No voltea a mirar a Antonio, da la impresión de que si lo hace se derrumbará por completo. Canta “El sitio de mi recreo” a dueto con Vega, pero lo hace mirando hacia el público, buscando algo de qué sujetarse para no romper en llanto. Pero es cuestión de tiempo para que el dique rompa.

Bosé agacha la mirada como preguntando por qué, en realidad no sabe cómo reaccionar, pero en un momento de la canción decide acortar la distancia y se acerca a Antonio para cruzarle el brazo mientras siguen cantando sobre cordura, locura y deseo “allí donde me recreo”.

Al final de la canción Bosé se acurruca sobre el regazo de Vega y solloza mientras éste posa la mano sobre la cabeza y lo abraza tratando de consolarlo. Entonces Miguel le pregunta qué es lo que ocurre con esa canción que cada vez que la escucha se queda indefenso, a lo que Antonio responde que el tampoco lo sabe, que es una canción que ha ido descubriendo poco a poco con el paso de los años y que por momento le produce verdadero placer, pero también angustia.

¿Cómo puede uno conmoverse tanto con una canción que no es de su época, que no la vivió en el momento? Cada vez que escucho esta canción bajo los brazos, me desarma por completo y me lleva a un lugar muy sensible, a ese lugar donde inicia todo en uno.

Hay canciones que nos sacuden por completo y no tenemos idea del por qué, pero hay algo en ellas que conecta en lo más profundo de nosotros a través de las emociones. Esta canción en específico, la letra no es que me diga algo en particular, pero las palabras detonan sensaciones genuinas, además de la sensibilidad con que son cantadas, y abren puertas que solo pueden ser abiertas por una canción. Porque así ocurre con ellas y los invito a que hagan el experimento. Ciertas canciones nos provocan sentimientos que nada más puede hacerlo; de pronto ya estamos emocionados al escuchar alguna sin saber por qué. Y pasa el tiempo y sigue provocándonos algo al escucharla.

No es necesario que uno entienda una canción para que te haga sentir algo, hay muchos temas, incluso en idiomas que no entendemos, que terminan conmoviéndonos, porque en la música algo ocurre en otro lenguaje, en uno que nace solo entre la canción y quien la escucha. Es en esa intimidad donde todo ocurre y todo nace.

“El sitio de mi recreo” forma parte de un cancionero en español que trasciende al tiempo, a las generaciones y a los significados. Es una prueba de que la música conecta con uno en esa zona donde no hay explicación. Y que no importa cuánto tiempo haya pasado, siempre existe la posibilidad de encontrarse con una canción que abra la puerta del cuarto de la emoción: el sitio donde me recreo.