Elsa y Elmar – Eres diamante

elsa y elmar eres diamante


Independiente
Colombia
2019


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Yo soy un alma sola, me quiero acompañar.
Me quiero equivocar.

Elsa Carvajal es una de esas creadoras jóvenes de las que puede hablarse más hacia su futuro y sus posibilidades, que hacia su pasado y su obra. También otra de esas creadoras con un heritage latino, pero beneficiada por un filtro de sensibilidades globales.

En el caso de la bumanguesa (oriunda de Bucaramanga), su paso por Boston es lo que la coloca en una posición de diálogo productivo y creativo, similar a las de Camila Meza, Williamsburg Salsa Orchestra o Mariachi Flor De Toloache (basadas todas en la Gran Manzana). Y no porque ninguno de los mencionados se parezcan entre ellos o hablen el mismo lenguaje musical, sino porque todos ponen una impronta latina/hispana, en productos musicales accesibles para distintas audiencias globales (y juveniles).

Eres diamante, confirma con profundidad la declaración de la misma Elsa, refiriéndose a su estilo y aspiraciones como spiritual pop (incluso, quizás más spiritualized), y es un disco interesante, porque aunque sus canciones son cortas y concisas, no necesariamente tienen una sensibilidad comercial. No son canciones de súper (como sí podrían serlo las canciones de Fragmentos de Ruido Rosa, también del presente y de quienes igualmente hablaremos después). 

Las rolas cortas, intimistas, lindas de Eres diamante, destacan porque puede pensarse que el objetivo de Elsa es la complicidad más que el espectáculo (lo que es otro tipo de espectáculo, cierto). Contar cómo se siente sobre algo, como si uno la invitara a su casa a que cante las cosas que normalmente los amigos, (ex) parejas o familiares nos plantean mientras preparamos la cena o lavamos los platos.

Todo eso que se siente y se piensa, pero no se dijo, o no se quiso decir; que se considera que no hay porque decir, y que de alguna forma, su lugar es encontrarlo en una canción, para decírselo uno a sí mismo, bastando eso. Es como el soundtrack para un roadtrip con personas con quienes se tuvo o se tiene complicidad, en el que probablemente las pausas en las conversaciones se alargan y se convierten en el mismo silencio al que se suele llegar cuando se está frente al mar (Elmar): reflexivo y de interacción innecesaria.

El sonido del disco también es prometedor, porque de algún modo es el reverso de la conversación del sonido urbano del mañana, planteando el uso y prospección del aprendizaje de otros estilos (incluido el trap y el dancehall), pero en el lenguaje de una música pop sensible e introspectiva, más cerca de de los audífonos que de los estadios, la auto-radio o el antro/bar. 

“Nadie va”, y especialmente “Puntos medios” por ejemplo pueden ser “anti-trap” para todo fin, planteando líneas cómo “¿Qué no ves que quiero ser tu amiga? ¿Qué no ves que busco lo mejor?”, entre coros que remiten a los éxitos de la radio de hoy, pero sin hablar de “rompecorazones”, “buenos ratos” ni la preocupaciones (siempre femeninas en estos temas) de “buscar más” y ser tomada ”más en serio”.

Aunque todas las canciones me parecen logros particulares, “No te canses”, “Culpa, tengo”, y “Alma sola” (casi un hit de encendedor en alto, con la que cierra el disco) son con las que me quedaría como esenciales. Todas tienen una vibra de soundtrack, y quizá no debería sorprendernos si aparecen en la próxima serie “latina” en las cadenas de streaming.