gracias, música
COLUMNAS   

Musique de merde


Gracias, música

Para muchos de nosotros la música es nuestro lugar en el mundo, donde habitamos durante el tiempo en que transcurre la vida.

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OPINIÓN

Nunca se sabe en qué momento nos comienza a gustar la música; si es desde que nacemos, en la infancia, en la juventud, en la adultez o en todas ellas. Según el musicoterapeuta Rolando Benenzon, todos tenemos una identidad sonora que se va formando desde que estamos en el vientre materno y es creada tanto por sonidos naturales, como los sonidos intestinales o el latido del corazón, como por sonidos externos que llegan en forma de vibraciones. Luego, al nacer, esa identidad sonora se sigue desarrollando por ruidos externos, como la música que se escucha en casa, los distintos ruidos de la ciudad eincluso hasta las voces de los demás. Me parece increíble pensar que cada uno de nosotros tiene una identidad sonora y que esta la podamos relacionar con el tipo de música que escuchemos o con el nivel de apertura hacia ella.

Yo no sé en qué momento me comenzó a gustar la música, pero algo me hace pensar que desde siempre, porque tengo recuerdos de estar cerca de ella desde temprana edad. Por ejemplo, a través de ese pianosaurio morado que tuve de niño, o esa guitarra con forma de Mickey Mouse con la que jugaba a cantar canciones de artistas que veía en el OTI, el Festival Internacional de la Canción. Hace poco, influenciado por el método Benenzon me dio por preguntarle a mi madre qué música escuchaba cuando estaba en su vientre materno, para ver si podía encontrar una asociación con esa identidad sonora. Y sí, de alguna manera hay relación en la música que ella escuchaba y lo que a mi me gusta escuchar. 

¿Qué me produce escuchar música? Hace un tiempo regresaba de una tienda de discos escuchando un álbum doble de Chopin que había comprado y me preguntaba por qué seguía comprando discos, por qué sentía esa necesidad de estar escuchando y descubriendo música. La respuesta que encontré fue que cada vez que escuchaba un disco, una canción o una pieza de música que me gustaba y que me transmitía algo, sentía que estaba encontrando un pequeño fragmento de la Verdad, esa que algunos vamos buscando toda la vida. Y sí, resulta que en la música voy encontrando esas pequeñas, hasta diminutas fracciones de mi mismo. Es decir, me di cuenta que la música es un lugar habitable, y para muchos de nosotros la música es nuestro lugar en el mundo, donde habitamos durante el tiempo en que transcurre la vida.

Todo lo que hacemos está guardado en música, y es natural, en ella están nuestros recuerdos y nuestros anhelos. Cuando hemos tenido que bajar al cuarto oscuro de nuestra vida ella nos acompaña en forma de canciones, igualmente cuando nos enfilamos hacia la cima del monte de la felicidad. Pero no sabemos en qué momento nos volvimos inseparables, simplemente ocurrió sin darnos cuenta. ¿Será que ese es nuestro estado natural, inseparables de la música? Cuando caminamos lo hacemos con ritmo, igual lo hacemos cuando hablamos. Nuestra respiración tiene que llevar un ritmo, nuestra manera de leer ocupa musicalidad, y así podría enumerar un sinfín de acciones diarias y vitales. Por esa razón no es nada descabellado decir que la música es vital en el ser humano, empezando por el ritmo, y continuando con los sonidos que emitimos.

No sabría decir si la música es mi vida, o si la vida es mi música. En todo caso ambas cosas, pero para mi es como estar frente al milagro de la vida. Así de espectacular e increíble me resulta la música y lo que puede provocar en el ser humano. En realidad lo que quiero decir es que hoy completo una vuelta más al sol y nunca me había detenido a agradecerle a la música por ser parte de mi vida; por acompañarme durante la tormenta y durante el día soleado, durante las noches, y al despertar cada día. Damos por sentado que ahí está y siempre estará, pero también se vale detenerse y decir con la mano en el corazón: Gracias música, por acompañarme en la vida.