Musique de merde

John Cage y la música como conexión

La obra de Gerhard Richter, que exhibe la galería Tate en Londres, nos demuestra que hay maneras en que la música puede tomar forma material.

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john cage

A mi paso por Londres tuve la oportunidad de visitar el Modern Tate, museo dedicado al arte moderno y contemporáneo. En una de sus salas descubrí una serie de obras del artista alemán Gerhard Richter. Se trataba de seis piezas que fueron nombradas John Cage, diferenciando una de la otra agregándole un número (John Cage I, John Cage II, y así sucesivamente). Las obras eran abstractas, capas de colores sobrepuestas entre unas y otras, y fueron llamadas de esta forma porque Richter estuvo escuchando música de John Cage mientras las pintaba. Ninguna de las obras está relacionada con alguna pieza musical de Cage en específico, sino que fue la música del compositor norteamericano la que estuvo acompañando ese proceso creativo.

Hice mi propio experimento y puse música de John Cage en mi teléfono mientras veía las pinturas y pude ver la música materializada o encontrarla tangible a partir de las obras de Richter. Incluso estas cobraban otra dimensión y me pregunté si en algún momento el artista alemán había escuchado “In A Landscape” y cuál de las obras habría sufrido su influencia, o cuáles porque esta pieza musical pudo haberse repetido en diversas ocasiones. Entonces me fue imposible no pensar en el poder evocador de la música. Es decir, esas obras que tenía frente a mi, habían sido de alguna manera provocadas por la música y ésta detonó una serie de sentimientos y sensaciones que llevaron a Richter a decidir qué colores quería mezclar y que tipo de tonalidades quería que sobresalieran en cada obra. Si tomamos en cuenta la teoría del pintor ruso Rothko sobre el poder de los colores para provocar sentimientos y estados de espiritualidad o ánimo, era claro que dependiendo de lo que provocara la música de Cage, Richter trataba de comunicar ese sentimiento provocado, pero a través del color. Sin la música tal vez esas obras altamente cotizadas no hubieran existido como tal.

John Cage ha sido reconocido por sus ideas y teorías no solo de la música sino también del arte en general. Su manera de deconstruir la forma en que observamos, consumimos y escuchamos, he logrado romper con formas pre establecidas. Por ejemplo, su pieza más mencionada, y tal vez la más polémica, es “4:33”, donde aparentemente no hay nada, sólo un supuesto silencio de cuatro minutos y treinta tres segundos. Y digo aparentemente porque como él mismo se ha encargado de mencionar, su idea con esta pieza era demostrar que no existe el silencio y que en ese tiempo que dura la pieza hay un sinfín de sonidos que pueden formar parte de la misma, como la lluvia, el viento y hasta las conversaciones de la gente.

Observando las obras de Richter encontré una forma más de la música de Cage y entendí que hay maneras en que la música puede tomar formas físicas. Por ejemplo: en la obra de Kandinsky, otro artista que era influenciado por la música y decía que su objetivo era lograr que su obra tuviera lo intangible de ésta porque -mencionaba- cuando alguien escucha música no se cuestiona cómo la hizo el compositor o qué quiso decir, sino que solamente la escuchan y la disfrutan. Así quería que fueran sus pinturas: que solo fueran observadas y disfrutadas. O el ya conocido caso de Cortázar y el jazz en “Rayuela” o “El Perseguidor”. Incluso Cage no solo ha influenciado a Richter, sino también a artistas como Robert Rauschenberg, Allan Kaprow y Yoko Ono, entre muchos más.

Cage decía que el arte, y por ende la música, está socializado y que es un proceso puesto en movimiento por un grupo de personas; que necesitamos la ayuda de unos y de otros para hacer lo que hay que hacer. Y sí, la música siempre termina siendo colectiva: Un músico influenciado por otros realizó unas piezas musicales que a su vez influenciaron a un artista alemán que creo unos cuadros que muchos observamos, que nos provocan sentimientos y que nos influyen para ir a otro punto de conexión: la música, y en este caso, la de John Cage.