Musique de merde

La música de los chavorrucos

Muchos de los mayores de treinta años han perdido el hambre de escuchar nuevos discos, descubrir otras canciones y generar nuevos recuerdos a través de la música, como si eso solo fuera para jóvenes.

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música de los chavorrucos

Hace algunas semanas leía una columna de Rafa Cervera publicada en ValenciaPlaza que habla sobre cómo la música pop siempre genera reacciones de disgusto entre quienes han dejado de ser jóvenes. Textualmente escribe Cervera “Nos sentimos agredidos por los artistas y sonidos de última hornada. Puede que sea porque nos quedan lejanos. Pero también nos da rabia descubrir que ya no somos jóvenes porque los códigos que manejan estos nos resultan completamente ajenos”.

Coincido completamente con Rafa. Por eso en el rock es fácil escuchar esa cantaleta repetida por generaciones de “es que las bandas de ahora ya no hacen cosas buenas o interesantes”. Nuevamente, como dice Cervera, estamos ajenos y alejados. Queremos que los jóvenes músicos usen los códigos de nosotros, los ya no-jóvenes.

Sin embargo, mi punto es, ¿qué ocurre con la música entre los ya no-jóvenes? Es decir, qué pasa con los chavorrucos y la música. Pues sucede que si bien es cierto que estamos alejados de los nuevos códigos, tampoco hacemos por acompañar, consecuentar o descubrir nuestra nueva música. Y con ello me refiero a la música que no va dirigida a los más jóvenes o que no es de tendencia.

Hay mucha música que va dirigida a nosotros, los que ya no somos jóvenes, pero nos hemos quedado en la nostalgia. Pareciera ser que hay una norma que llegados a determinada edad nos imposibilita para buscar música y seguir emocionándonos como cuando éramos más chicos. Entonces escuchamos las mismas bandas de nuestra juventud, las mismas canciones, los mismos discos y nos aferramos a la nostalgia pensando que ya no se hacen cosas buenas, como las que nos “gustan” a nosotros. Nos abrazamos al pasado para evadir la realidad de que el tiempo pasa, y como canta Mercedes Sosa, “nos vamos haciendo viejos”.

“Escuchamos las mismas bandas de nuestra juventud, las mismas canciones, los mismos discos y nos aferramos a la nostalgia pensando que ya no se hacen cosas buenas, como las que nos ‘gustan’ a nosotros”

Muchos de los mayores de treinta años han perdido el hambre de escuchar nuevos discos, descubrir otras canciones y generar nuevos recuerdos a través de la música, como si eso solo fuera para jóvenes. Entonces renegamos de todo lo nuevo, de su dizque baja calidad y no entendemos que, o escuchamos los nuevos sonidos jóvenes tomando en cuenta que nosotros ya no lo somos, o que estamos en la habitación equivocada.

Lo que es injusto es que no se voltee a escuchar la música que sí es mas acorde a nosotros, a nuestra edad y realidad, y digamos que ya no hay música buena cuando en realidad quienes no la buscamos somos nosotros. Hemos crecido, hemos adquirido nuevas responsabilidades y hemos dejado de lado la música como si esta interfiriera con nuestra “adultez”. Pero la realidad es que música nueva hay para todos. Recién acaba de salir un nuevo tema de Fito Páez, “Resucitar”, por mencionar alguno y no lo veo buscando a los jóvenes de 18, sino retratando su mundo, su presente adulto. Lo mismo hace Diego Vasallo, Santiago Auserón, San Pascualito Rey, Los Punsetes, Los Planetas, Radiohead, Wilco, y así podría mencionar muchísimos más.

No es que la música de ahora sea un mugrero, como muchos dicen. Es que estamos escuchando con oídos viejos. Es que no estamos escuchando nuestra música, la de los chavorrucos.