Musique de merde

La música en tiempos de coronavirus. Parte 7: conciertos online: ¿qué estamos pagando?

Algunas bandas y artistas han comenzado a realizar conciertos online con un costo para poder presenciarlos de manera virtual. De alguna manera era algo que se veía venir. Sin embargo, resulta necesario analizar algunos puntos.

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Algunas bandas y artistas han comenzado a realizar conciertos online con un costo para poder presenciarlos de manera virtual. De alguna manera era algo que se veía venir. Sin embargo, resulta necesario analizar algunos puntos.

Lo primero a señalar es que esta dinámica tiene antecedentes, no es que de pronto haya aparecido a raíz del confinamiento. Como antecedentes bien podríamos tomar el concierto Distant Sky, de Nick Cave, el cual presentó en salas de cine de todo el mundo con una sola proyección en un día y hora determinado para cada país y ciudad. Pagamos por ver, virtualmente, una presentación de Cave. El otro antecedente son los conciertos que se han realizado de forma virtual en plataformas y juegos como Minecraft, como el reciente festival donde participó Massive Attack. Antes de esto la incursión de los hologramas de artistas fallecidos ya anticipaba una dirección hacia el mundo virtual.

En los casos mencionados, podemos tener muy claro qué es lo que se está pagando. Por ejemplo, en el caso de Cave pagamos por ver un concierto inédito que no llegaría a muchas ciudades de otra manera y que solo tendría esa única proyección. En el caso de los eventos en Minecraft lo novedoso es la realización de festivales meramente virtuales y visuales porque, aunque haya música, la atención está plenamente en lo que se ve; es el querer presenciar el futuro en primera fila. Incluso, en los conciertos en vivo, sabemos bien que estamos pagando por la experiencia de escuchar a los artistas en directo y ahí juegan también el espacio y el público. Lo tenemos claro pero, en los recientes conciertos online con costo que se están anunciando en México, ¿qué estamos pagando?

Todavía no nos hemos detenido a pensar y analizar lo que está sucediendo, en cómo la gente ha estado consumiendo música en estos días o cómo es que las plataformas digitales han sido usadas para beneficio o perjuicio de la música.

Si se trata de un concierto pensado para realizarse en vivo, pero presentado a través de una pantalla, no tiene ningún sentido. Es más lo que se pierde, y probable que la gente pueda pagar al principio por empatía o apoyo, pero terminarán alejándose porque los medios virtuales no son para replicar los directos. Hay que entender que funcionan de manera distinta y por ende necesitan otras dinámicas. Basta ver el éxito de las presentaciones de la National Public Radio en su serie Tiny Desk para entender esto de los formatos. Si queremos que la gente pague por ver una presentación online tiene que ser algo diferente. 

Da la impresión de que solo estamos queriendo llenar un hueco. ¿No nos estaremos adelantando? Ni siquiera nos hemos detenido a pensar y analizar lo que está sucediendo, en cómo la gente ha estado consumiendo música en estos días o cómo es que las plataformas digitales han sido usadas para beneficio o perjuicio de la música. No lo hemos platicado porque además aún no sabemos hacia dónde vamos. Estamos queriendo correr sin conocer el rumbo. 

Hace unas semanas, platicando con un amigo músico, me decía que lo peor que podíamos hacer era regresar permitiendo que las cosas en la industria musical siguieran igual, con sus mismos vicios. Por eso llama la atención que, estos conciertos online que se anuncian, no son los músicos quienes los organizan, sino un tercero, llámese productora, venue o agencia. ¿No sería preferible que fueran los músicos quienes los hicieran? No se trata de cambiar solo de plataforma, sino de cambiar las formas de una industria que se ha preocupado más por el dinero que por la música.

Desde luego que nada es gratuito, y es momento de valorizar el trabajo de los músicos en la sociedad. Pero hay que hacerlo razonando nosotros mismos, platicando, discutiendo y actuando, tanto músicos como público, para tener claro cuál es el valor de lo que estamos produciendo y consumiendo, no porque otros nos digan que debemos pagar, sino para saber qué es lo que estamos pagando.