Musique de merde

Los músicos y las causas sociales: muchos aplausos y poca crítica

Para un artista, sumarse a las voces de protesta solo porque es tendencia o por quedar bien no hace sino terminar como un engranaje más del “negocio-espectáculo”.

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Desde hace tiempo venimos diciendo que los artistas en México poco o nada se pronuncian ante causas sociales; que las canciones se han estancado entre el amor y el desamor dejando a un costado las cuestiones que tienen que ver con lo social. Pero cuando un tema explota mediáticamente es fácil que muchos músicos se sumen y se pronuncien, parafraseando un poco a Serrat, a esas pequeñas cosas que hacen la vida diaria, o más bien diríamos, esos pequeños grandes problemas que son del día a día.

Porque cuando un tema social se vuelve tendencia, muchos encuentran espacio para emitir una opinión o una postura, pero solo si el tema se vuelve importante mediáticamente, es decir, solo si forma parte de una agenda mediática o del espectáculo de la actualidad.

El filósofo y escritor francés Guy Debord, menciona que “Toda la vida en las sociedades donde rigen las condiciones modernas de producción se manifiesta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se vivía directamente, se aleja ahora en una representación”. Con esto me viene a la mente la reciente canción de Mon Laferte, “Plata ta ta”, donde intenta hablar sobre lo que ocurre en Chile y las manifestaciones contra el gobierno, y sin embargo se queda en una representación lejana, llena de lugares comunes y aires ingenuos. Además, el video fue filmado en el barrio de Palmitas en Pachuca, un barrio convertido en un gran mural transformando socialmente el espacio público con el color como un elemento contra la violencia, pero que no es representado él ni sus habitantes, sino que es utilizado como una mera locación colorida. Nuevamente como diría Debord, una representación que aleja y no deja de ser un parte del espectáculo.

“No se trata de sumarse a las voces de protesta solo porque sea una tendencia o porque pueda hacer quedar bien a quien opina si al final no se dice nada nuevo”

Hablar y señalar un problema o alguna problemática social conlleva una responsabilidad, sobre todo si se es un artista con un gran alcance. Esa responsabilidad implica el respeto y la sensibilidad hacia quienes son los menos privilegiados, además de escucharlos e informarse. Recuerdo una entrevista que le hacían en CNN a la cantante brasileña Anitta y hablaban acerca de cómo se había vuelto tan popular. En un momento de la charla ella comentó que había tenido que agarrarse todos los periódicos posibles e información que encontrara sobre la situación económica y social de Brasil porque eran muchos sus seguidores que le preguntaban su opinión sobre la realidad que se vive en ese país y ella no quería contestar algo a la ligera por respeto a su público. El entrevistador la puso a prueba, no premeditadamente, con algunas preguntas a las que respondió de manera concisa y sin titubeos. Sabía de lo que estaba hablando.

No se trata de sumarse a las voces de protesta solo porque sea una tendencia o porque pueda hacer quedar bien a quien opina si al final no se dice nada nuevo. A principios del dos mil, muchas bandas mexicanas de ska tenían alguna canción en contra de el ex presidente Salinas de Gortari, pero todos decían lo mismo y el discurso se volvió repetitivo y débil, no sacudió ninguna estructura porque no fue más allá del señalamiento al personaje.

Para el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky, la cultura actual del consumo transforma la cultura y el arte en “negocio-espectáculo”, esta es la cultura del entretenimiento generalizado. Café Tacvba decidió volver a tocar “Ingrata”, pero lo hizo en una versión feminista junto a Andrea Echeverri, vocalista de Aterciopelados. Esta versión lejos de señalar un problema de manera genuina, trata por encima y con mucho desorden un problema tan complejo como lo es la violencia hacia las mujeres. Un mensaje en tono violento, contra la violencia pero que aboga por la tolerancia, así de contradictorio.

Algo está pasando que cuando un artista se pronuncia sobre una causa social, esta no aparenta ser real, sino una parte más del engranaje de ese “negocio-espectáculo” que encuentra en lo políticamente correcto muchos aplausos.