Monterrey, ciudad tributo

Como público tenemos que ser justos con las bandas locales y darles una oportunidad.  Si no salimos de esa zona de confort y empezamos a rondar las tocadas, tal vez nunca podamos verlas crecer.

Por: Carlos Orozco

rock tributos monterrey
Foto: Igor Zalbieda – Flickr (Creative Commons)

La escena musical en Monterrey vio nacer un buen número de bandas con propuestas originales y proyección nacional. Además de la ya muy citada Avanzada Regia durante los noventa, en la siguiente década también pagaron su cuota bandas que tal vez no tuvieron el impacto que sus predecesores, pero aun así contribuyeron al desarrollo de proyectos que mantuvieron interesado al público y que aprovecharon eventos con bandas internacionales (Nrmal, Hellow, Manifest) para presentar su música.

Sin embargo, a finales de la primera década del siglo XXI, todo el país sufrió el embate de violencia que nos dejó la guerra contra el narco. Esto afectó sin excepción a la vida nocturna del estado y con ella a la escena musical local; vimos con tristeza cómo los bares en los que se llevaban a cabo los eventos fueron cerrando sus puertas, y, con ello, pusieron en pausa a propuestas que se estaban gestando.

En años recientes hemos visto con gusto el resurgimiento de la escena, tanto en los lugares viejos ya conocidos por todos, como en nuevos escenarios que han hecho su parte para que la escena local cobre vida de nuevo. En gran medida, las tocadas “tributo” a bandas taquilleras han ayudado a que esto ocurra, llevando al público de vuelta a los escenarios y de cierta manera sirviendo como semilleros de músicos talentosos que más tarde podrían  iniciar proyectos originales. No obstante, ahora que ya existen propuestas originales y que fin a fin se realizan conciertos en diferentes escenarios, nos encontramos con eventos casi vacíos en lugares que en otro momento, o tal vez con otras bandas, son capaces de recibir públicos masivos.

Al parecer cada semana la amable petición de las bandas locales, “ya no más tributos”, es contestada con un rotundo oblígame prro por parte de los promotores y empresarios. Pero es necesario ver la situación desde una perspectiva más amplia, ser autocríticos y preguntarnos si realmente es culpa de los tributos que los shows estén vacíos. Sabemos bien que los bares que dan cabida a estos eventos tienen un interés económico que los inclina a promover eventos de esta naturaleza. Y, seamos honestos, la fórmula del “If it ain’t broke, don’t fix it” funciona de maravilla si tu misión es vender mucho alcohol y mantener tus puertas abiertas. Esto no los libera de culpas, pero por lo menos explica desde su perspectiva la manera en la que trabajan.

Haciendo de lado las limitaciones que pudiera presentar cada banda, hay que reconocer que es principalmente de ellos la responsabilidad de dar difusión a su música, la escena a la que pertenecen y por supuesto, a sus eventos. No es la intención generalizar, pero es seguro que nos hemos encontrado con el caso de la banda de la que nunca escuchamos que toca un set de 20 minutos frente a 10 personas, recoge sus cosas y entre el público lo justifica con un “pinche Nodriza”.

Tal vez quienes buscan activamente apoyar bandas locales nuevas sean pocos, pero el hecho de que pululen tocadas tributo es debido a que la gente las busca e incluso paga por asistir. Es impresionante la diferencia en costos que podemos encontrar entre una tocada local ($50) y un “American/British Rock Night” ($150) con los éxitos de The Strokes y Arctic Monkeys. El colmo es lo que sucedió hace un par de meses, cuando se presentó un “Tributo a la Avanzada Regia” el mismo día que tocaba Cabrito Vudú (parte de este movimiento) en otro local. Está de más decir que lo más probable es que se vendieron más entradas para el tributo.

Como público tenemos que ser justos con las bandas locales y darles una oportunidad. Lo más probable es que actualmente se esté formando una banda con la calidad para que en un futuro, represente a la ciudad a nivel nacional y nos regale muchas buenas rolas, pero si no salimos de esa zona de confort y empezamos a rondar las tocadas, tal vez nunca podamos verlas crecer.

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