New Wave: la vigencia de la juventud

El nuevo libro de Horacio Garduño sigue la historia de tres jóvenes mexicanos que llegan a Londres a finales de los setenta en medio de la explosión de la new wave. Una novela que es una como una Polaroid de aquellos años, pero en la que también incursiona en la intimidad de una chica en busca de reencontrarse con los jirones de sus recuerdos.

Por: Juan Carlos Hidalgo

garduño new wave
Foto: Twitter @HoracioGarduno

Lucrecia, JJ e Iglú abandonan el D.F. a finales de 1979 para buscar en Londres la beligerancia del punk. Atrás dejan a Los Despiadados, banda en la que tentaleaban con el género, pero al llegar a la capital británica encuentran que otros sonidos comienzan a estallar. JJ regresa algo escéptico, pero Lucrecia quiere reinventarse a través del new wave, pero este retorno a casa la pondrá delante de un pasado que apenas atisba y al que tendrá que armar como un rompecabezas de sí misma.

Conversamos con Horacio Garduño, un escritor capitalino que ha apostado por volver a la década de los setenta a través de una novela que es una como una Polaroid de aquellos años, pero en la que también incursiona en la intimidad de una chica en busca de reencontrarse con los jirones de sus recuerdos. Digamos que ha hecho un libro en las que varias pistas de voz se van superponiendo sobre una misma canción y él nos amplia como es que hemos de escucharla y leerla.

Existe una literatura rock que en México arranca con José Agustín y Parménides García Saldaña y llega hasta Jordi Soler y otros exponentes más actuales; fuera del país están Nick Hornby, Ray Loriga y Kiko Amat, entre otros. ¿Pensaste un poco en esta vertiente al desarrollar tus novelas?

Al menos conscientemente creo que no. Estoy familiarizado con ellos, pero fue hasta que se publicó Cuando te vuelvas real que me hablaron de José Agustín como posible influencia y me sorprendió un poco porque no lo había pensado. La musicalización fue, en aquel caso y en el de New Wave una forma de apuntalar los escenarios que iban creándose, incluso para mí mismo; una ambientación en la que también olores y aromas intervinieron. Después me di cuenta que se había formado toda una banda sonora y me di a la tarea de crear las listas en YouTube y en Spotify, como un plus que seguramente alguien más también estará haciendo, pero la coincidencia con los escritores del presente es como con la de los pasados, mera coincidencia, y así la llegada de cada canción, que además tenían coincidencias importantes en las letras.

David Lynch habla de la “Gran Idea” en Catching the Big Fish, y de cómo cuando ésta se consigue nos volvemos absorbedores de todo lo que nos sirve para mejorarla. La Gran Idea lo es para nosotros mismos, sabemos cuando la encontramos, y sale del interior profundo de cada quien, y en ese sentido tiene que ser lo más personal y honesta posible, y claro que interviene en su creación todo lo que hemos leído, como todo lo que hemos escuchado, visto y vivido, pero en ese sentido debe terminar siendo orgánica y original.

New Wave (editada por Alfaguara) incorpora trozos de diarios, cuadernos, poemas y canciones, además de tener varios narradores. ¿entendemos que para tu trabajo la concepción de la estructura es fundamental? Porque otro agregado es que está conformada como un álbum –con todo e intro y outro-.

Tienes razón. Aprendí eso de los ingleses: que toda la fiesta está dentro de la estructura; que ésta es como un andamio que sostiene todo. Incluso ir al pub con tus maestros, compañeros y sinodales después de un examen o la defensa de un trabajo como una obra de teatro o una tesis es parte de un ritual social establecido. Creo en la libertad creativa, en el flujo de pensamiento, en la escritura que no puede parar y en la capacidad de los personajes de sorprenderte; todo dentro de una estructura que te lleva a un destino… y que éste, como nuestro destino, puede cambiar; en ese sentido hay que ser flexibles, pero hay que construir sobre lo sólido. En New Wave están el libro de los recuerdos, el de los viajes al interior y el de los poemas, es la estructura del personaje, es su dialéctica, incluso los nombres de los pasajes de Lucrecia acaban volviéndose un solo poema, y, finalmente, todo está empaquetado como una canción, con intro, estribillo, coro y outro.

Bret Easton Ellis –especialmente en American Psycho– recurre a muchas marcas, productos y personajes. El resultado es vincularse directamente con un momento preciso de la historia. De tu parte, ¿hiciste un homenaje a una ciudad de México que ya no existe? ¿Quisiste refrescarle la memoria a otras generaciones?

Sí. Por un lado, la intención fue recuperar todo lo que ya no está a través de estas imágenes, de anuncios publicitarios, de tiendas, de canciones, de aromas. Creo que los capitalinos tenemos más derecho a la nostalgia por los terremotos de los que hemos sido víctimas; los terremotos marcan un antes y un después psicológico, social e individual y la nostalgia involucra todo; no es lo mismo un restaurante antes del 19S que después de él, en el 85 o en el 17. Más aún pensando en aquello que se perdió, en aquellos seres que se perdieron. Pero también mostrar a esas generaciones nuevas que dices esa Ciudad, con su tienda de bromas y magia en lugar de la franquicia de bisquets en Álvaro Obregón. Mostrarles que todo era diferente, pero igual, que como jóvenes vivíamos las emociones de la misma forma, sólo que sin el truco del internet que vuelve a la coincidencia menos meritoria.

Se dice que siempre hay un trasunto del autor en sus personajes; aquí tienes 5 muy distintos. ¿Cómo fue tu relación con ellos y qué se filtró en ellos de su creador?

Juan José, quien impulsa a Lucre a formar la banda punk, es un personaje muy ochentero; un junior rockero que busca ir con la corriente musical, y romperla como los Sex Pistols, pero extemporáneamente y con fallas en su enfoque. Está desfasado con la música como lo está con las mujeres, como podemos ver con Lucre. Pastor es un talentoso músico alcohólico que disfruta más estar pedo que sobrio por el bien de la música, pero tiene debajo un instinto protector muy noble. Hay comedia y tragedia en estos dos personajes. Esteban es un cuate que ha quedado atenuado, como en disolvencia, y la gente sabe que está ahí, pero no lo perciben del todo. Él se ve en tercera persona, como Lucre lo consigue en sus trances. Por su parte, Iglú, es una chava que sabe lo que quiere, y representa la salvación real para Lucre. Lucre se ve a sí misma como una víctima; está atrapada por un pasado no reconocido, y no acepta el claroscuro de la vida, aquél del que ella misma forma parte, el hecho de que ella también puede dañar a sus más cercanos. Para los dos primeros personajes que mencioné me basé en una combinación de amigos del pasado. Conozco a alguien muy parecido a Juan José, y Pastor es una combinación de dos ex compañeros de la preparatoria. Un logro es no haber puesto de mi persona en los personajes, al menos conscientemente –porque ello debe ser inevitable–, aunque mucho del mensaje de la historia se me hace presente en este tiempo de mi vida.

Lucrecia es una chica afectada por su entorno familiar y, al menos, dos acontecimientos muy fuertes en su vida (uno de violencia sexual doméstica y otro un intento fallido de suicidio –interrumpido por Esteban-). ¿Se impone al final esa parte introspectiva por sobre un retrato de época?

Creo que van de la mano. El impulso son la música para la etapa new wave de la vida de Lucre, y simultáneamente la recuperación de la confianza en la humanidad que Iglú le provoca. Con este impulso y la reaparición de un personaje del pasado (que el lector no sabe que es quien le está contando la historia) Lucre dejará literalmente lo superficial para afrontar su pasado en una especie de shock meditativo. A Lucrecia le faltará algo más. Alguien más llegará. Lucrecia originalmente es pianista clásica, esto es anterior a la historia, pero está faceta se hará presente y se recuperará en su conciencia cuando verdaderamente reconozca quién es, y quién no es, para lo que deberá entrar a las cavernas de su psique, lo que no será agradable.

Es inevitable rastrear la influencia de otros escritores en un autor que nos ocupa; y es que en tu novela no sólo está el asunto de una banda sino la intimidad de Lucrecia. ¿Quiénes son esas figuras literarias que te influyen?

Cuando relees a un autor o autora después de años, reconoces tu deuda con ellos. Sabes que les rindes pleitesía, y que les debes mucho de tu placer literario pasado y de tu persona, pero no te das cuenta de cómo ha operado tu subconsciente hasta que los revisitas. Mis acreedores de mis inicios lectores son Pacheco, Ibargüengoitia, Cortázar y Fuentes. Más para acá, Banana Yoshimoto, Arundhatti Roy, Joe Dunthorne y Ned Vizzini. Son para mí entrañables, admirables y ejemplares.

Me gustó mucho la aparición de la rola de Suzi Quatro, que no es precisamente new wave; ¿de qué manera fuiste concibiendo el soundtrack de la novela?

Ajusté la temporalidad de la historia a la de la música, considerando que era nueva o relativamente nueva en ese entonces, porque sabemos que en ese tiempo la música tardaba hasta un año en llegar a México (y había otra que nunca llegaba) y considerando que en 1979 en México no conocíamos aún el new wave. En la tienda de discos se daba vuelo cada quien por turnos: A Black Oak Arkansas los pone Pastor porque era bajista; Juan José pone a The Velvet Underground por gusto y por alardear. Suzi Quatro, de quien Lucrecia pone un disco comprado en Sears de la colonia Roma, es un estandarte rockero femenino en Estados Unidos, sobre todo en esa época y al mismo tiempo tiene un estilo un tanto varonil de moverse en el escenario, lo cual resulta premonitorio para la historia, y la letra de “She’s in Love With You” tiene que ver muy directamente para lo que pasará con los personajes femeninos. Blondie se presenta en Manchester coincidiendo con el pretencioso viaje de los chicos a Inglaterra. La presentación real, como la de Holly and the Italians, se da justo en el momento en que Blondie da el levantón para hacerse famosos mundialmente, y la música de esta banda y sus letras, son el marco para la escena de las protagonistas que se da en ese concierto.

El libro lleva el título de New Wave y la banda de la historia lo pretende tocar, aunque iniciarán en el punk. ¿De dónde sale lo post-punk puesto en la contraportada? Y aunado a ello, ¿Alfaguara la visualiza como literatura para jóvenes?

En Alfaguara vieron que lo new wave permanece hasta ahora, es un género que se mantiene vigente y que los adultos jóvenes y el público más joven lo identifica como si fuera presente. Lo post-punk es una forma genérica de llamar a toda esta música y de mantener esa identificación. Algo que yo busco mostrar fijando mis historias en épocas del pasado reciente es que nuestra juventud y la presente son iguales, son identificables completamente, y la búsqueda ha encontrado eco en una identificación plena más el placer nostálgico de los que imaginan esos tiempos o los vivieron.

Es diferente escribir sobre jóvenes que para jóvenes; en mi caso he buscado lo primero, me gusta escribir ritos de pasaje, por eso la influencia de Yoshimoto, Arundhatti Roy, Dunthorne y Vizziny, muy identificados en sus países por los adultos jóvenes, pero no menos por los adultos adultos. Por ello mis novelas también han resultado para jóvenes, pero lo que me gusta es que hay inclusión, que las lee gente entre 14 y 60 años.