Musique de merde

El ska: el patito feo de la escena nacional

El ska mexicano ha creado sus propios códigos y su propio lenguaje, algo que no es cualquier cosa, y se ha ganado con pulso propio un lugar importante en la historia de la música en México que muchos no han querido reconocer.

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sekta core ska

En la segunda mitad de la década de los noventas, aún sopesando el amargo sabor del salinismo, la crisis económica y la aparición del Ejercito Zapatista en la vida pública, política y social de México, se gestó uno de los movimientos musicales más fuertes en el país. Hablo del ska mexicano.

Con la influencia de referentes latinos como Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes y La Maldita Vecindad, por un lado; el ska jamaicano e ingles por el otro, nació un movimiento que traspasó fronteras geográficas y culturales. Tanta fue su fuerza que desde su comienzo logró atraer a una gran cantidad de público que se identificó y reflejó con este ritmo y con la identidad que poco a poco se iba formando.

Todavía no llegaba el siglo XXI y ya se hacían conciertos masivos en distintos deportivos y espacios universitarios con decenas de miles de asistentes, algo que al menos en ese momento no lograban otras bandas de rock. Además, y muy importante, muchas de esas bandas no tenían grabaciones circulando de manera formal ni gozaban de algún espacio en medios de comunicación, salvo por lo que grababa Pepe Lobo, uno de los principales difusores del ska mexicano, y Miguel Tajobase en su puesto en el Tianguis Cultural del Chopo.

Al principio, viendo el poder de convocatoria que este género tenía, muchos salieron a decir que se trataba de una moda y que como tal era pasajera, no duraría. Desde luego no sabían que el ska es toda una cultura y que existe desde la década de los cincuentas. Tampoco sabían que la palabra en México no era nueva, pues décadas atrás Toño Quirazco y hasta el Loco Valdés la habían utilizado. Desconocían el género, de dónde venía y a qué sabía.

Gracias al auge que se vivía, las compañías transnacionales voltearon a ver qué estaba pasando y firmaron a varios grupos. Sekta Core fue el primero en firmar para un sello internacional. Luego otros tuvimos la suerte de también ser fichados por alguna de estas grandes compañías de discos. Cuando Inspector firmó con Universal Music, uno de los level managers que ahí trabajaba, uno de los busca talentos y que toca en una banda detectora de metal, le dijo a quien firmó al grupo, que había cometido un error firmando a esa banda porque solo era una moda y no pasaría nada. El resultado fue más de medio millón de copias vendidas de un solo disco y el éxito público.

Han pasado más de 20 años desde entonces y el problema es que la industria y la escena de la música y el rock en México sigue sin reconocer ni validar a este movimiento ni a sus bandas. A pesar de que hay canciones como “La carencia” o “Amargo adiós” que ya forman parte del cancionero popular mexicano, aún se le sigue viendo con desdén al ska mexicano por parte de otros músicos y de la misma prensa especializada. No se le da seguimiento ni se le reconoce la relevancia que ha tenido en la escena nacional. Los periodistas musicales no han querido voltear a verlo seriamente, los músicos de otras bandas de rock ven al ska con desdén pensando que es un ritmo fácil de tocar y le restan valor e importancia.

Si la movida del ska mexicano respira y camina sola es porque así ha tenido que hacerlo; ha creado sus propios códigos y su propio lenguaje, algo que no es cualquier cosa, y se ha ganado con pulso propio un lugar importante en la historia de la música en México que muchos no han querido reconocer. Y no lo han querido reconocer porque no voltean a verlo a pesar de ser uno de los movimientos musicales más populares en más de dos décadas. Eso ya es suficiente para que se le estudiara y reconociera como un fenómeno social y musical relevante en México

Tristemente, en algunos sentidos, el ska mexicano sigue siendo el patito feo de la escena nacional.

Tecladista y compositor del grupo Inspector. Periodista cultural. Ha escrito para medios como La Rocka, ABC y Zona de Obras. Es director de La Zona Sucia.