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¿Y si el reggaetón es simplemente la música pop de hoy?

Revisando la forma en que la cultura pop ha digerido y reproducido otros géneros, no es de extrañarnos que en la actualidad se sirva de la "música urbana" y parta de ella para llegar a lugares nuevos.

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Baila reggaetón: no seas indecente
Tego Calderón

¿Qué es lo que pasa estos días? Parece que el reggaetón está en todos lados. Se toca y canta en los mundiales, en la radio y en el teléfono de quien viene al lado nuestro en el avión. Toda la gente oye reggaetón. Pareciera que es la música “de todos”, para la banda que no es music freak. (¡Pero ya también ellos! ¡Qué escándala!) Ese lugar que en los noventa ocupaba Maná, la música de los Godínez, antes quizá de que se les llamara así o se escribieran libros sobre ellos.

O bueno, muchos le llamamos reggaetón, pero esos music freaks que escribimos sobre J.Balvin o Nathy Peluso lo hacemos porque la distancias simbólicas entre esas músicas y el reggaetón congalero de Wisin y Yandel (cuando estaban juntos) es notable, hasta un poco dramática. Y aún más del trabajo hecho con los Luny Tunes y antes de ellos. El “reggaetón” ya no es simplemente reggaetón, ha recorrido un largo camino y hoy consiste en muchas cosas.

Si alguna vez, por “ene” razones, este reggaetón consistió en músicas marginales y disruptivas violentamente, parece que ahora se ha convertido en el main act o contribuye en grande a perfilarlo. Los “roqueritos” arrepentidos de no bailar cumbias quizá se arrepientan mañana de no reconocer la innovación en el trabajo de muchos traperos y músicos urbanos, y que va mucho más allá de Nicky Jam jugando al amante en Netflix o Akon cantando “Picky Picky”.

Para muestra basta un botón o un año. Sin entrar en tantos detalles historiográficos, solo durante el  año recién fallecido 2018, el programa reality  “La Voz México” contó entre sus jueces (¿O coaches?) a Maluma y Anitta. NPR dedicó episodios de su Latino USA y Alt-Latino a Bad Bunny y a DJ Kass (el de “scooby doo-pa-pa”, cantada hasta en Corea Del Sur) y a diversos tópicos relacionados con todo lo que podríamos llamar “reggaetón”.

Hasta el cartel del famoso Festival de Coachella se publicó, presentando al mismo Bad Bunny y a J. Balvin (el JB del momento) como actos principales para el 2019. ¡Hay hasta académicos dialogando, vía papers sobre el reggaetón! Esto es importante. Tanto para los performers como para los fans del género. Pero, ¿qué quiere decir? (Spoiler alert: quiere decir mucho.) Y quizá deberíamos tener estas conversaciones, hablando no sólo de reggaetón, sino de la elusiva categoría de música urbana, o de “todo lo que podríamos clasificar como reggaetón”.

Pero bueno, hoy, cuando se habla de reggaetón, trap, post-reggaetón o “todo lo que podamos clasificar como reggaetón”, no solo hablamos de los Daddy Yankees, sino también de los Luises Fonsi, las Cardi Bs, las Camilas Cabello, las Amara La Negra, Es decir, hoy “el reggaetón” o lo que sea (en todo su rango y diversidad) es la música pop de todos y para todos; su línea guía. Lo que alguna vez también hizo Luis Miguel. La música urbana (que incluye todo esto y más) es un componente central de los productos comerciales que son, for worse or for better, nuestros lugares comunes, profanos y no.

“Todo lo que podemos llamar reggaetón” se ha convertido en nuestra compañía para hacer el súper, el small talk en el bar donde quedamos con la/el de Bumble. Hasta en los cumpleaños de los sobrinos, casi siempre termina sonando “Me niego” (o cualquiera de los hits de Reik, quienes se han beneficiado más que nadie de esto). ¿Pero, cómo pasó? ¿Qué no el reggaetón era el género paria? ¿No estaban hasta de acuerdo los metaleros/as,  fans de la banda, sonideros y tira-rimas freestylers en eso? ¿No eran ruidos animales que inspiran comportamientos simiescos? (Hace como 15 años…)

En la entrada wikificial para reggaetón (el hecho que haya una, nos dice ya bastante), podemos enterarnos de un montón de detalles sobre  su historia social en las islas del Caribe, antes de que Zoe Saldana y tantos otros, nos volviéramos locos con la “Gasolina”. En eso no entraremos hoy porque de todos modos, aun entonces, el reggaetón era global e incontenible, pero no tenía el rol que tiene hoy.

Es justo decir que esto tiene algo que ver con la violencia y cuestionabilidad de las imágenes contenidas en sus letras. Un problema que aún a la fecha, con las “4 babys” y otro manojo de letras, es un tema grave, crítico, de salud social. Que exige atención y estrategias. La idea hoy no es legitimar la cultura de la violación ni la invisibilización de la violencia, aunque hablar de reggaetón no es fácil sin pasar cerca de allí. Para hablar de ello, necesitaremos otra entrada y podríamos empezar desde “Buenos días, amor”  o cualquiera de José José (o mucho antes, pero esa es otra historia).

Relevo a relevo generacional desde que llegó a nuestras vidas, el reggaetón (o todo lo que podríamos llamar así) ha ganado terreno en términos de reconocimiento y vigencia. Cuando “Despacito” hizo lo que hizo con Spotify, estas músicas ya tenían un lugar tan cotidiano en nuestras vidas, que varios temas habían sido covereados y confirmados como los clásicos que son o serán. (Ver estas versiones de “Gasolina”, o “Dile”.)

Algo habrá tenido que ver René Pérez con esta digestión que pasó del “reggaetón viejito” a la música que hoy escuchan los novios/as fresas. También Belinda quitándole el chiste a “Baby, te quiero”, y las intervenciones de Shakira, Enrique Iglesias y hasta Miley Cyrus y su twerking o lo que haya sido. Vamos, hasta Justin Bieber se subió a “Despacito” sin tener ni idea del español. Eso le dio un boost importante. Revisando la forma en que la cultura pop ha digerido y reproducido antes conceptos como el del punk o el rap, no es de extrañarnos que la fiesta de la cultura pop contenga estos motivos ahora y que parta de ellos para llegar a lugares nuevos.

Y no es que el pop “se coma y desaparezca o defeque” estas formas de producir cultura (punk, rap, reggaetón, jazz, folklore). Todo eso sigue existiendo en sus propias escenas (la cosa es buscarle), pero es justo decir que la música pop, después del reggaetón, tiene simplemente la lógica que siempre ha tenido, solo que resulta que estas imágenes paroxísticas afro-caribeñas y antillanas, tienen mucho más que sumar a la mezcla y lo están demostrando, a través de las afirmaciones juveniles que vemos cada 15 años, con las que unos públicos conectan y otros no.

¿Qué sigue una vez asumido esto? Pues calma. En el caso que se asuma, pues la música está allí, siempre lista para nosotros: Tego las sigue matando de lejitos, como Reggie Miller; Los Rakas son muy muy recomendables. Y pues Kehlani y Cuco son jóvenes aún, y, aunque no hagan reggaetón, son prometedores como ejemplos de los sonidos de pasado mañana. En el caso de que no se asuma, pues siempre está la posibilidad de ir a Cafebrería El Péndulo a ver qué se le pega a la sensibilidad autodenominada como “más seria”. Y no hay nada malo con eso tampoco.