Varios Artistas – Un mundo raro: Las canciones de José Alfredo Jiménez

Warner Music, 2018
 México
5.5

Qué cosa tan compleja la relación entre el rock y las músicas populares y nacionales en México, una historia de encuentros, desencuentros y recelos. Y qué cosa tan difícil describir lo que representa José Alfredo Jiménez para el alma mexicana. Faltarían las palabras y nos sobrarían los versos para interpelar a tantas generaciones, circunstancias y educaciones sentimentales.

Un mundo raro es el nuevo proyecto del productor Camilo Lara (Instituto Mexicano del Sonido, Mexrrissey, Los Ángeles Azules). Es un disco tributo a José Alfredo Jiménez, con una banda de apoyo (Calexico) y un rooster de invitados que van desde las intersecciones con lo popular (Ricky Muñoz de Intocable, David Hidalgo de Los Lobos, Celso Piña) hasta la pena ajena del oportunismo (Ximena Sariñana, Beto Cuevas, Julieta Venegas, Andrés Calamaro).

Cuando pensamos que la tributitis que asoló el mercado discográfico mexicano por más de una década había llegado a su fin, Lara nos receta otro ítem más al catálogo. Pero, en primer lugar, llega tarde a la fiesta (Hay que recordar los volúmenes: XXX y XXXX, el primer tributo rockero a José Alfredo Jiménez), y en segundo, nos receta la misma estrategia que arruinó un proyecto atractivo en teoría como lo fue Mexrrissey.

El problema de Un mundo raro viene por partida doble: ética y estética. ¿Por qué esa obsesión de revisitar la obra José Alfredo desde el rock, como si fuera un corpus ajeno y distante? Como bien explicó Homero Ontiveros en su columna de ayer en La Zona Sucia: Su música es un patrimonio vivo que sigue enraizado en el alma nacional y no distingue generaciones y clases sociales. Por eso el oportunismo del proyecto es notable. Pocos de los invitados entienden o sienten la ranchera, y los pocos que han visitado el cancionero de José Alfredo con genuino interés (Bunbury, Calamaro, Lila Downs, Carla Morrison), o que pertenecen propiamente al campo de las músicas populares (Ricky Muñoz, Celso Piña) fracasan cuando se suben al carrito del Camilo Lara way.

Eso nos lleva al otro problema del disco: la producción. Lara armó con Calexico un pastiche de country-latin-rock, muy radio friendly, con muchas trompetas de mariachi y todo el mexican curios que esperaría el gringo de fiesta por Tijuana. Y a ese estrecho corsé tuvieron que ceñirse todos los invitados. El resultado más doloroso es con Celso Piña y Ricky Muñoz, ya que se borró todo rastro de sus sonidos personales. Y no se diga David Hidalgo, vocalista de esa leyenda del rock chicano que son Los Lobos. Acaso el que salió más beneficiado fue Adrián Dargelos, cuya versión de “No me amenaces” habría encajado a la perfección en el Jessico de Babasónicos. De los demás, sin pena ni gloria. A grabar las voces y a cobrar el cheque.

Un mundo raro pasará a la historia como una curiosidad más en la lista de discos fallidos del mainstream rockero mexicano en búsqueda de sus raíces, mientras sigue con la venda en los ojos y las músicas populares y nacionales siguen ahí, tan al alcance de la mano como inalcanzables.

Pero como bien diría el guanajuatense: “Nada me han enseñado los años. Siempre caigo en los mismos errores”.

Por: José Juan Zapata


 

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