Daniel Me Estás Matando – Suspiros


Independiente
México
2019


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Fúgate, la vida es más que lo que ves por tu ventana.

Me provocó acercarme a Suspiros, el estreno de este año de Daniel Me Estás Matando, principalmente porque el nombre de la agrupación me dió una simpatía especial que resonó con mi historia personal. Pero resultó que, tras escucharlo entero, se convirtió en otro de los que pondría en la lista de mis diez favoritos en español y/o hechos por/con hispanos de este año (hasta el momento, junto a Soy Piedra, Médula Silvestre y TDR).

Y podría serlo solo por la simple razón de que “tiene de todo”, y es un disco que se puede poner hasta en Navidad, en los cumpleaños con los papás y los abuelos, en un special date, o en esas pedas nostálgicas en que los compas tienen que cuidarle a uno el teléfono para que no se intente comunicar con ex-parejas (o ex-empleadores). Suspiros no consiste en alguna confrontación cultural o social, es lo más cercano a un sonido conciliador. No necesariamente de audiencias, pero sí de historia y sensibilidades pop.

DMEM y su albúm, son parte del revisionismo nostálgico de la cultura pop, que a veces tiene las mejores intenciones y a veces no. Me parece que en esta ocasión tienen la ventaja de que cuentan y contienen esos feelings de “antes” y de “siempre”, expresados con ese fraseo bonito, que si bien no es, sí remite a esa época en la que todos teníamos más claras las cosas del amor, la vida y los deseos. O al menos había menos voces diciendo lo mismo, llevándose a sí mismas la contra hasta diluirse.

Como ellos mismos lo dicen, y se escucha claro, hay una clara influencia y homenaje a la tradición de los tríos mexicanos, pero a mí personalmente me parece que Suspiros es una especie de tributo a la radio FM de las ciudades mexicanas del tercer cuarto del siglo XX. Así, aparece la sensibilidad lounge-like del bachelor pad pop (como en las películas de Mauricio Garcés) en “Le Soupir”, el choque entre la cumbia de conjunto uniformado con el lenguaje de “Siempre En Domingo” (El Buki, Los Yonics) en “Adiós, Adiós”; y, entre todas las demás joyitas, la campeona: “Fúgate”, con sus rasgueos cantineros.

Pareciera que DMEM se toman más o menos tan en serio como Los Master Plus, pero más que jugar con la caricatura de la convención de lo dramático en la música de marquesina, los autodenominados boleristas glam llevan al juego un montaje de las viñetas clásicas mencionadas sobre bases que provienen de música que quizá ellos han escuchado, encontrado y filtrado, como Andrew Bird o St. Vincent.

La forma en que su recetario musical luce es también sofisticada, en la forma en que lo es el disco de Capitol Studio Sessions de Jeff Goldlblum con su Mildred Snitzer Orchestra, incluyendo la participación de otros músicos interesantes y pegadores como El David Aguilar y Silvana Estrada, por mencionar dos. Y la ludopatía melomaniaca que parecen tener también se muestra en el paso de “Suspiro acuático” a “Canción acuática” (La que cantan con el Aguilar), y “Que casualidad, parte 1”, con la que el disco cierra en un paisaje a la “Revolution 9”, pero notablemente más suave. Lo primero que se me ocurre hacer con este disco después de haberlo traído en carretera un par de veces, es asegurarme que mi madre y mi abuela lo oigan en sus iPads.