La transgresora portada de J. Balvin

Qué sería más transgresor que hablar y escribir de lo que muchos no quieren, es decir, del trap y el reggaetón. Y aún más, reconocer lo que se está haciendo en estos géneros musicales.

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En la reciente portada de la revista española Rockdelux aparece J. Balvin y gran parte de los lectores, y no lectores, se han indignado y escandalizado. La mayoría de los comentarios van en el sentido de que creen que la publicación sucumbió a lo “comercial” y que han perdido todo el respeto. Muchos de ellos mencionan no volver a leerla, hacen referencia a que eso no es música y toda una serie de comentarios despotricando contra el reggaetón. Solo unos cuantos aplauden el atrevimiento.

Hay que mencionar que esta revista ha sido todo un referente del periodismo musical independiente en español, ha creado tendencia y hasta podríamos decir que sí, hay una generación Rockdelux. Ha sido muy aplaudida por dar espacio a todo aquello que muchos otros medios no lo hacen, y porque sus críticos, algunos de ellos, han formado escuela de estilo. La revista emblemática en iberoamérica está siendo cuesionada en cuanto a su “integridad”, por una portada.

Hace algunos meses, en la edición argentina de la revista Rolling Stone, apareció en la portada Duki, quien es todo un fenómeno del trap, y ocurrió lo mismo: lectores y no lectores de la publicación se escandalizaron y arremetieron contra ésta de igual manera como ahora sucede con la española. Por lo general se leen comentarios de que perdieron todo el respeto, que se “vendieron”, que es un “asco” y que no volverá a ser leída.

Qué sería más transgresor que hablar y escribir de lo que muchos no quieren, es decir, del trap y el reggaetón. Y aún más, reconocer lo que se está haciendo en estos géneros musicales. La resistencia al cambio siempre ha estado presente en la historia de la música. Los principales cambios han sucedido después de una serie de críticas y rechazos. Así ocurrió, por ejemplo, con la electrónica y con el hip hop. De la primera se decía que no era música y no tenía lugar en el universo del rock. Del segundo, mucho tiempo se dijo también que no era música y después que sí era, pero para delincuentes.

Incluso en algún momento de la historia se dijo que el rock no era música, sino solo un grupo de jóvenes haciendo ruido. Así ocurre con la música: primero nos resistimos antes que aceptarla, con esto me refiero a las nuevas tendencias y géneros que puedan ir apareciendo, y emitimos juicios desde el desconocimiento. ¿Por qué digo esto? Porque es claro que muchos critican sin haber escuchado el nuevo disco de J. Balvin, el cual aquí reseñó José Juan Zapata, y se remiten solo al hecho de que se trata de un artista de reggaetón sin darse cuenta que con su disco abrió la puerta para la evolución de este género; cuando todos creían que este tipo de música era pobre y no tenía futuro más allá de la moda, Balvin saca un disco en el que cruza las fronteras del género y lo expande. Por eso la relevancia de que se hable de él.

Pero no estamos dispuestos a aceptar que la música y sus géneros evolucionan, como lo acaba de demostrar Rosalía al mezclar el flamenco con la música urbana en su disco El mal querer, como el caso de Duki, quien ha mezclado el trap con la música de orquesta y quien incluso está rompiendo las reglas de la industria más rápido que ninguno en la historia de la música en español.  Aquí hago una pausa para recordar cuando a Calle 13 lo atacaron en su primer Vive Latino por ser reggaetón y miren cómo respetan ahora a la banda y a Residente.

Todos estos son fenómenos que, más allá de que gusten o no, es necesario hablar de ellos y tratar de entender qué es lo que están haciendo. Al final, hay algo innegable: la música que está escandalizando ahora, como en su tiempo lo hizo el rock y después el hip hop, es el trap y el reggaetón. Es preferible que en publicaciones de música se hable sobre ella y no sobre otras cosas, como la entrevista a El Chapo o la portada que se le dio a EPN, presidente de México, ambas en la revista Rolling Stone.

Estamos presenciando la evolución de la música. Sin embargo, muchos prefieren mirar hacia otro lado y escandalizarse por lo que ven, no por lo que escuchan porque ni siquiera lo han hecho, y se convierte entonces la crítica tan superficial como leer solo un encabezado sin lo demás. Ni el reggaetón ni el trap son todo lo mismo, y este tipo de artículos, como el de Rockdelux, sirven para entender que entre J. Balvin y Maluma, no solo hay diferencias sino también distancias.