Rutas de canciones

Un abrazo de humo, querido Pau

Qué bella forma de hacerle frente a la vida, Pau, con música. Encontraste cómo responderle al destino, y fue con canciones. Siempre desde una óptica empática y positiva.

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pau dones

¿Puede uno sentir de manera profunda la muerte de un artista, alguien a quien jamás se conoció en persona ni se cruzó tan siquiera un hola? ¿Es genuina esa tristeza o solo se trata de sumarse a un sentimiento colectivo que nos da pertenencia? Puedo decirles que es genuino y muy real. Sucede que nos han inculcado esa idea de que los sentimientos más profundos están reservados solo para las personas a quienes conocemos de forma cercana y, sobre todo, con quienes llevamos una relación presencial. Pero eso no lo es todo. Hay una infinidad de canciones que nos van acompañando toda nuestra vida, quien las canta y las escribe, también se convierte en un compañero de vida. Sí, no es una relación presencial, pero sí es una muy profunda.

Entonces, sin darnos cuenta vamos creando lazos muy fuertes con estos amigos musicales incondicionales. Muchas veces nos acompañan incluso más tiempo que algunas amistades pasajeras. Por eso es válido sentirse triste cuando uno de tus amigos de canciones muere, al fin se trata de alguien que ha estado en momentos importantes de tu vida. Un amigo diferente, pero amigo, aunque él o ella no lo sepan. Tampoco es necesario.

Tu muerte, querido Pau Donés, cala. Hace algunas horas mientras comíamos en familia estaba tu música sonando. Por un momento pensé que no había sido buena idea escucharte ahora porque, cada palabra de tus canciones tomaba otra dimensión y producía un ligero cosquilleo que terminaba humedeciendo los ojos. Mi primera reacción, como supongo reaccionarían muchos, fue hacer lo posible para que no me vieran así de conmovido quienes estaban en la mesa. Resistía, vaya, pero tampoco tenía sentido. Entonces le dije a Elisa -quien tiene 7 años- que estábamos escuchando esa música porque hoy habías fallecido y que, a manera de homenaje, escuchábamos tus canciones. Elisa dejó de comer, hizo una pausa con el tenedor y la comida en el aire, y se quedó buscando las palabras para decirnos algo.

Cuando decidí contarle el porqué de escuchar tus canciones hoy, fue porque comenzó a sonar “Humo”, una de tus composiciones más humanas y sentidas. Un himno de vida. “Humo” es una de esas canciones que simplemente te hacen bajar los brazos. De un tiempo para acá me ha dado por comentar en las entrevistas que, cuando uno hace una canción de tono confesional, es muy probable lograr que quien la escuche baje los brazos y pueda escucharla sin ninguna defensa. Esta canción tuya así funciona: es tan transparente que cualquier barrera que uno pueda poner antes de escucharla, se derrumba en la primera frase: “Ahora que empiezo de cero, que el tiempo es humo, que el tiempo es incierto”.

Esa fue tu respuesta al cáncer, querido Pau, una canción del aquí y el ahora. Le dijiste a un reportero que una noche sentiste que la vida te estaba abandonando y, como sueles hacer en esas situaciones, tomaste un lápiz, una hoja y escribiste una canción; tal vez una de las canciones de amor “mas bellas y sentidas” -dijiste- que habías escrito nunca. De esas que salen de prisa, de las que sientes como, mientras las escribes, se te humedecen los ojos. De las que cuando las cantas “se te anuda la garganta”, confesaste. Pues tengo que decirte que no ha sido hoy, con tu partida, sino desde la primera vez que la escuché, que se me humedecen los ojos y se me anuda la garganta. Sí, es una de las canciones más bellas que nos dejado, Pau.

Cuando Elisa encontró todas las palabras que necesitaba, terminó esa pausa imaginaria y nos dijo: “Espero que cuando yo muera, como cantora que seré, la gente escuche mucho mis canciones”. ¿Cómo no derrumbarse ante ese entendimiento del momento y lo importante de las canciones en la vida? Ximena le dijo que, para cuando ella llegara a ese momento, y esperaba que fuera muchos, muchos años más adelante, hubiera otro entendimiento sobre la muerte; que se tratara de una celebración, porque eso era, una celebración de vida.

“Humo” no solo es una bella canción de amor, es también eso que dijo Ximena, una celebración de vida. No hay otra forma de llamarla cuando en ella cantas: “a nada le tengo miedo, a nada le tengo fe”. No tener fe, y no tener miedo, es igual a vivir con libertad, sin el peso de querer ser o creer, vivir el presente cuando sabes que cada respiro es más importante que los minutos, las horas o los días futuros. Es por eso que muchos de los versos que cantas en ella comienzan con un “ahora”, porque es una canción del presente. 

Qué bella forma de hacerle frente a la vida, Pau, con música. Encontraste cómo responderle al destino, y fue con canciones. Siempre desde una óptica empática y positiva. Como este humo que vuelvo a escuchar después de la comida en familia, una canción que abraza. Escucharla es abrazarte y sentirse abrazado, querido Pau, desde acá, por medio de este humo te abrazo y te deseo buen camino.