Rubel – Casas

rubel casasDorileo/Natura Musical, 2018
 Brasil
8.2

El gran acierto de los músicos brasileños ha sido tener memoria musical. Es decir, conocen y reconocen la música que forma parte de su identidad, y recurren constantemente a ella no para apostarse en la comodidad, sino para seguir explorando diversos terrenos sonoros a partir de su propia historia en música logrando darle un rostro único al universo musical brasileño.

Entonces no es extraño que el reciente disco de Rubel, artista carioca, tenga entre sus ingredientes algunas dosis de bossa, soul, samba y MPB (Música Popular Brasileña), sin dejar a un lado ciertos guiños al tropicalismo.

Este es el segundo disco del brasileño en una carrera que comenzó alrededor del 2011 y vio publicado su primer disco en 2013, en estos últimos cinco años ha logrado hacerse de un lugar en la escena de su país de origen y con este material da un paso significativo posicionándose como uno de los sobresalientes cantautores de Brasil.

El disco se llama Casas, y en su nombre lleva la justificación de todo el trabajo pues está construido paso a paso formando estructuras fuertes y con una precisión arquitectónica que cimientan los espacios musicales donde habitamos, nos resguardamos, vivimos y soñamos. A lo largo de la grabación las canciones van formando bloques entre sí que bien pudieran ser, cada una de ellas, los cuartos de una casa a la que Rubel nos invita a pasar. Por ejemplo: las primeras tres canciones, “Colégio”, “Cachorro” y “Pinguim” parecieran formar parte de una misma casa sonora; el tratamiento de la instrumentación tiene la armonía de quien comparte un espacio vital.

Es en la construcción de estas casas musicales donde radica la relevancia del disco, pues tanto Rubel como el productor hacen uso de un cierto minimalismo. Aquí la máxima de “menos es mas” funciona, ya que, a pesar de contar con una sección de metales, otra de cuerdas, ritmos programados, sonidos sintetizados y un sinfín de percusiones, el centro está en la guitarra acústica y la melodía de voz; los demás instrumentos van apareciendo al paso de cada canción según se vayan necesitando, como si cada arreglo fuera un ladrillo necesario para construir esa pared-canción.

“Pinguim”, “Mantra”, “Chiste” y “Partihar” sobresalen entre el resto, y no es coincidencia que cada una de estas canciones pertenezca a un diferente bloque sonoro del disco, o dicho de otra forma, cada una de estas canciones es un cuarto de una casa diferente.

La prensa brasileña ha llamado a Rubel “El arquitecto de la canción” porque ha presentado un disco que se va construyendo con cada arreglo musical creando un espacio donde cada elemento tiene su razón de estar ahí y cada canción es una habitación de una casa en la cual podemos encontrar un lugar para nosotros.

Por: Homero Ontiveros

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