Canela Palacios – Sur


Independiente
Bolivia
2020


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Decía Borges que quién camina hacia al sur entra en un mundo más antiguo y más firme. Por supuesto que lo decía refiriéndose al sur de la avenida Rivadavia, en Buenos Aires, pero también hay algo en su pensamiento que nos hace imaginar un sur más allá de la Argentina, un sur como un estado mental, plantando cara a un Occidente siempre boreal, siempre nuevo, fugaz y ligero.

No he podido dejar de pensar en todo ello mientras escucho por enésima ocasión el disco Sur, de la boliviana Canela Palacios. Como si fueran esos juegos de espejos borgianos (“A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”), sólo bastó conocerlo en las redes sociales de Alfonso Crespo-Yapour, músico boliviano radicado en Monterrey, para entrar en él y que el disco volviera al sur profundo, a los interiores de mi departamento en Buenos Aires donde ahora me encuentro recluido debido a lo-que-ya-saben-todos.

Sur es tal vez uno de los mejores discos iberoamericanos que se han editado en lo que va del año. Hay algo de esa relación nerviosa con la canción (y no dejo de pensar en su lanzamiento, por los mismos días que el nuevo disco de Fiona Apple), que une por partes iguales su trayectoria académica (Palacios cuenta con formación en música y ha compuesto piezas para distintos ensambles) y su inquietud por transitar los márgenes de la canción popular. Una búsqueda que ya hemos percibido también en proyectos como el de la guatemalteca Mabe Fratti.

En Sur aparecen poemas. Por su tracklist desfilan versos argentinos del propio Borges y Oliverio Girondo, pero también de poetas bolivianas como Blanca Wiethüchter y Marcia Mogro. Justo en el tema que da título al disco, los versos de Mogro nos plantan de manera cruda ante los rostros de los habitantes más australes del continente, la aniquilada población selk’nam, de Tierra del Fuego: “Se dice, se cuenta, se lee / que estaban en esa playa, en ese bosque / porque ese era su lugar de residencia permanente”.

Y ese que en esa búsqueda de nuestros espejos y fantasmas, Sur es esencialmente un disco de folclores deconstruidos. Trabaja con las sonoridades de la música de concierto contemporánea, y con una voz que hace del canto una herramienta igual de maleable, sin dejar de plantar un pie en las tradiciones de la canción popular latinoamericana. Temas de una delicada y sencilla belleza (“La casa del pan”, “Olivia”, “El camión”) conviven con desafiantes explosiones sonoras. Ahí destacan “Sapa” y su fiesta de sikus como si estuvieran en plena Diablada, “Pilar” con su desglose de cantos de cajas andinas, y “Cantar de las Ranas” y sus juegos percusivos y vocales. El huayno que cierra el disco es de una transparencia totalmente estremecedora.

Al margen de escenas, y de los grandes centros de poder de la música pop iberoamericana, incluso al margen de los muros que separan de manera innecesaria las músicas académicas y populares, Sur, de Canela Palacios, es una obra de extraña belleza, desafiante y singular. Un disco al que hay que dedicarle muchas y variadas escuchas, para así poder desentrañar, al fin, su visión firme y antigua de lo que es vivir en un estado austral del pensamiento. Sur, paredón y después…