El amor después de la cumbia

Camilo Lara hace una nueva apuesta por el mal gusto y produce un disco donde se fusionan Los Ángeles Azules con diversos artistas pop.  El disco se llama, no sé si irónicamente, Esto sí es cumbia, y participan artistas como Fito Páez, Ana Torroja, Aleks Syntek y Gloria Trevi, entre otros. Pero, ¿cuál es la necesidad?

Por: Homero Ontiveros

los ángeles azules cumbia
Foto: Twitter Los Ángeles Azules

Hay fusiones musicales que se hacen en beneficio de la música misma, es decir, apuestas donde músicos y géneros distintos se dan la mano para el enriquecimiento artístico de la obra. En estas alianzas lo principal es la canción o el tema, y se aporta aquello que la pieza necesite para crecer o simplemente hacer una variación que le de un color y sonido diferente.

De esto saben muy bien los brasileños, por ejemplo, con la fusión de Joao y Astrud Gilberto a Stan Getz, con Caetano Veloso y Gilberto Gil en el disco Tropicalia, con Tribalistas, el proyecto de tres artistas contemporáneos como Marisa Monte, Carlihnos Brown y Arnaldo Antunes. En la música anglo están los Traveling Wilburys con la unión de puros gigantes de la canción; Wilco junto a Billy Bragg, Pearl Jam al lado de Neil Young o Robert Plant con Alison Krauss en ese maravilloso disco llamado Raising Sand.

En México lo ha hecho Control Machete en ese gran tema llamado “Danzón”, juntó a Rubén de Café Tacvba y al maestro Rubén González, pianista de Buena Vista Social Club. El mismo Rubén con Celso Piña. Natalia Lafourcade con Los Cojolites, Inspector junto a Mono Blanco o Ely Guerra y así una cantidad de ejemplos considerables donde la prioridad es la aportación musical que se le pueda hacer a la canción.

Pero existen también otras fusiones que no tienen que ver con lo musical, sino con los intereses comerciales de algún sello discográfico. Aquí lo que menos importa es la música, cediendo ese lugar prioritario al nombre y popularidad de los músicos que se involucren en el tema o grabación. En estas fusiones no importa el talento de los otros, sino que el objetivo es meramente comercial. No tienen ninguna relación con lo artístico o sublime que puede resultar de dos talentos que se juntan.

En este sentido, Camilo Lara hace una nueva apuesta por el mal gusto y produce un disco donde se fusionan Los Ángeles Azules con diversos artistas pop.  El disco se llama, no sé si irónicamente, Esto sí es cumbia, y participan artistas como Fito Páez, Ana Torroja, Aleks Syntek y Gloria Trevi, entre otros. Pero, ¿cuál es la necesidad?

No hablo desde el purismo, estoy a favor de las fusiones e incluso, como lo mencioné de Kevin Johansen, a favor la promiscuidad musical, siempre y cuando esto tenga que ver específicamente con la música, no con intereses de mercado que lo único que aportan es pobreza. Los Ángeles Azules no tienen necesidad de demostrar nada. Si algo tenemos bien cimentado en este país es la cultura de la cumbia y ellos se han ganado un lugar porque conocen bien el género y además lo saben interpretar, logrando dejar todo un legado.  Sus más grandes éxitos, a nivel internacional, los han logrado solos, sin ayuda de ningún otro artista y mucho menos de otros géneros.

Los Ángeles Azules no tienen necesidad de demostrar nada. Si algo tenemos bien cimentado en este país es la cultura de la cumbia y ellos se han ganado un lugar porque conocen bien el género y además lo saben interpretar.

Tampoco Fito Páez o Ana Torroja tenían necesidad de participar en este disco. Los temas son forzados; entran con calzador y es muy decepcionante escuchar canciones como “El amor después del amor” o “Me cuesta tanto olvidarte” -que han sido parte fundamental de diversas generaciones- rebajados a algo que no es ni cumbia ni pop sino simplemente una aberración. La cumbia fusionada no es algo nuevo, Tropical Forever, por ejemplo, es un grupo que lo hace de manera muy interesante. Celso Piña es otro que lo ha hecho con buenos resultados. Es decir, el problema no es fusionar la cumbia sino cómo lo hacen en esta ocasión.

El público de Fito no es que vaya a escuchar a Los Ángeles Azules después de este disco, ni viceversa. No sé a qué más público querrían llegar los de Iztapalapa si justo ahora gozan de una internacionalización clara y ganada por sí solos, además de que en México y gran parte de Latinoamérica son bastante conocidos.

Pareciera que esta idea no viene de los artistas, sino de alguien con mentalidad de comercio voraz, aunque tampoco se les puede dejar fuera de la ecuación ya que ellos accedieron a ser parte de esta oda al mal gusto. Si la idea es llegar a otros públicos, no creo que el camino sea haciendo fusiones sin sentido donde quien sale más dañada es la música.

En épocas en que precisamente parte de la música nacional está careciendo de una identidad propia, este tipo de ejercicios contribuyen a hacer más nebuloso el camino. Y, con la perdida de la identidad musical, cada vez será más difícil que el público se pueda encontrar e identificar en ella, como lo han hecho durante generaciones los escuchas de Los Ángeles Azules.

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