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“Hay que cuestionarlo todo”. Entrevista con Alberto Ruy Sánchez

Homero Ontiveros – Los sueños de la serpiente es un libro donde la historia se reconstruye, al igual que la memoria del personaje.

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Los sueños de la serpiente es un libro donde la historia se reconstruye, al igual que la memoria del personaje.

Por: Homero Ontiveros

alberto ruy sánchez
Foto: Casa de América (Flickr / Creative Commons)

¿Cómo se reconstruye la memoria? Juntando las partes del rompecabezas, pieza por pieza, como lo hace el personaje de Los sueños de la serpiente, novela de Alberto Ruy Sánchez, quien encerrado en un hospital psiquiátrico trata de reconstruir su memoria a través de frases y dibujos hechos sobre las paredes. Conforme va abriendo puertas a través de ese largo pasillo lleno de recuerdos, se va reconstruyendo así mismo, y con él, el andamiaje de una historia plagada de ilusiones y desilusiones.

Camino por el pasillo del Hotel Holiday Inn repasando mentalmente los puntos que quiero charlar con Alberto Ruy Sánchez, autor de esta novela, aunque se sabe de sobra que al final la charla tomará su propio rumbo, hará sus propias preguntas y respuestas. No miro al frente ni mis pasos, veo la portada del libro tratando de asociar ideas con la imágenes, tal vez palabras claves, como las que usaba Sergio González Ramírez, que me sirvan durante la entrevista. Encuentro varias ideas: Una serpiente verde que resalta en la portada y el título del libro: México. Pienso en nuestro símbolo y color, ¿seremos eso, una serpiente más que un águila? Una especie de Sodoma y Gomorra es observada desde lo alto por un demonio. El infierno también tiene su cielo. Miro el reverso y leo Unión Soviética, Trotsky y pienso en Coyoacán, los muralistas y ese México post revolucionario. Por más distante que parezca, hay ciertos puntos de encuentro entre estos dos países:

“La revolución mexicana es anterior a la rusa y, al mismo tiempo, en el proceso de revoluciones que hubo en Rusia, ocurrieron movimientos que por momentos estuvieron emparentados con los mexicanos, sobre todo los anarquistas y los movimientos campesinos”, me dice Alberto con esa amabilidad de la que ya me habían advertido.

No todas las charlas comienzan con una pregunta, tampoco las entrevistas, esto lo sabe de sobra Ruy Sánchez quien es un excelente conversador. Él hace la introducción para dirigir la plática hacia Los sueños de la serpiente.

“Este libro es una exploración de historias entre el deseo y el mal. Hay una historia de amor pero también de desamor y el núcleo del mal es que se justifica matar a alguien para hacer una revolución, por una nueva sociedad. Hannah Arendt decía en La banalidad del mal que el mal se vuelve insignificante o banal cuando los humanos abandonamos nuestra capacidad fundamental de pensar y razonar.

Los sueños de la serpiente, ¿es una novela sobre el mal?

Es sobre el deseo del mal y el deseo que encuentra el mal. El personaje se enamora de una mujer a la que todo mundo califica de fea, juzgándola de manera sexista y fuera de lugar. Entonces, esta extraña manera de aceptación de todos, de un lugar común tan evidentemente equivocado e injusto, es validado sin cuestionar. Pienso luego que toda la gente que escribe sobre historia acepta los juicios tal y como son, y no, hay que cuestionarlo todo.

Boaventura Santos, en Epistemologías del sur, propone que hay una realidad que sucede en todo aquello que no conocemos pero permanece oculta por el poder dominante. Parece ser la situación del personaje principal de la novela

Es la historia de un hombre que perdió la memoria y la va recuperando pero lo hace no sobre lo que le contaron sino sobre lo que vivió. Lo que demuestra es que las historias oficiales que conocemos no son las correctas. Al reconstruirse este hombre está creando una historia distinta del siglo XX.

En  los personajes de tu novela hay una profundidad más allá de lo aparente, es decir, se vuelven simbolismos, ¿podríamos ser nosotros, sociedad, ese hombre tratando de reconstruir su memoria perdida?

Todos mis libros se basan en testimonios, todos son documentales pero contados de manera literaria y poética. Pero todos se basan en escuchar a la gente. Mi experiencia a ha sido que, entre más escuches a la gente, habrá nuevos lectores que digan: “ese soy yo”.  Este libro está hecho de haber escuchado a mucha gente y  su relación con el bien y el mal. Son historias sobre los límites humanos.

Los límites humanos nos llevan a reconstruirnos, lo vimos en el pasado 19 de septiembre

Sí, es cierto. Este es un libro sobre la reconstrucción pero a su vez cuenta muchas historias de vidas. Finalmente, el personaje es un testigo.

¿Cómo acercarse a la novela?

En estos tiempos se ha puesto de moda una mala educación que viene del protestantismo: pensar que la literatura se divide en ficción y no ficción. Eso es una estupidez mayúscula y es cultural. Es mal en el sentido en que nosotros tenemos una palabra mucho más rica que se empobrece cuando la sustituimos por “no ficción”, esa palabra es Ensayo. El ensayo se trata de que alguien se “ensaye” en la realidad. La literatura habla siempre sobre la realidad, ya sea con mayor o menor agudeza. Por ejemplo, la novela Madame Bovary te habla mucho mejor que cualquier ensayo de su tiempo lo que era la vida social en la Francia del siglo XIX. Ningún historiador logró contarlo de esa manera. Entonces, pensar que es ficción, es una categoría fuera de lugar. Hay que cuestionarlo todo.

Aún se sigue discutiendo si la novela debe o puede tener una función social o si solamente se trata de entretenimiento. Para ti, ¿cuál es la función de la novela?

La novela existe porque permite explorar dimensiones humanas como ningún otro discurso puede hacerlo. Ni el psicoanálisis, ni la economía ni la política. La novela sigue existiendo no por ser decorativa o por ser propaganda, sino porque nos permite conocernos más como humanos.

Al escribir Los sueño de la serpiente, ¿qué era aquello que te cuestionabas y sobre lo que querías reflexionar?

Los demonios sobre la lengua es una pequeña reflexión sobre el mal. Al mismo tiempo, en Tristeza de la verdad. Estos dos libros son la raíz de este y me faltaba explorar esta dimensión del deseo y el mal. El mal existe y podemos verlos todos los días, cómo se ejerce y cómo reina. La banalidad del mal es algo que tiene que ser explorado. Necesitamos nuevos elementos para pensar qué es lo que ha sido el mal a lo largo del siglo XX. Desde el momento en que alguien te dice “tal político si va a cambiar el mundo”, se ejerce el mal porque entonces alguien dejó de reflexionar. Dejó de ser crítico y de cuestionarse.

La mayor necesidad que tenemos es la de creer, por algo frases como “cortina de huno” o “caja china” se han puesto de moda. Todos dudan o sospechan. El pueblo mexicano no cree y, para poder hacerlo, hay que reconstruir nuestra realidad y en el proceso hacer una relectura. Esta novela habla de reconstruir. Los sueños de la serpiente, ¿es México?

Sí, en el sentido en el que mucha gente dirá, en muchos países, que es su país. Por ejemplo, algunas personas me decían que Mogador era Puerto Rico, otras que era Mazatlán y algunas más que se trataba de Cartagena.

Qué gozo que tus historias puedan ser identificadas en diferentes realidades, ¿no?

Sí, aunque uno no tiene mérito.

Entonces, ¿quién lo tiene?

El lector. Uno invoca al fuego, haces tu ritual, tu danza, pero solo el lector lo enciende.