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Niño de Elche – Antología del Cante Flamenco Heterodoxo

Por:


Sony Music, 2018
España
8.5

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La tensión entre ortodoxias y heterodoxias es un fenómeno común en la historia de las músicas, tanto en la “académica” como en el ámbito de popular. Y de las músicas folclóricas del mundo pocas son tan cerradas y tan severas con lo que se desvía de la norma como el flamenco.

El paso de un folclor regional (Andalucía), asociado a un grupo étnico tan marginado como el gitano, a convertirse en la “música nacional” de España, es una ruta que comparten otras músicas nacionales como el tango argentino, la samba brasileña o la ranchera mexicana; pero el flamenco terminó por establecer una ortodoxia que especialistas, fanáticos y eruditos resguardan celosamente. Tienen muy en claro qué es lo que se espera de un cantaor, un guitarrista o una bailaora de respeto.

El Niño de Elche (Francisco Contreras Molina) es un rara avis en el panorama de los cantaores, y él no duda en llamarse ex-flamenco. Niño prodigio de los concursos de cante regionales, pronto el corsé del género pasó a quedarle demasiado estrecho. El rap, el performance y la electrónica se volvieron parte de su trabajo, y en la misma medida aumentaron las voces escandalizadas en su contra por parte de la ortodoxia flamenca.

Su última provocación es desmesurada. Lleva por nombre Antología del cante flamenco heterodoxo, y es un disco doble. La ironía y el humor parte desde su título (remember la Antología del Cante Flamenco de Hispavox de los años cincuenta) y la portada, una joya naive que nos regresa a las peores tapas de los años noventa.

Para este trabajo hizo par de alianzas clave: Pedro G. Romero, un artista visual y especialista en flamenco, es a quien el Niño confió la curaduría de su antología. “El flamenco es una heterodoxia que se ha construido como una ortodoxia, ahí es nada”, escribe Romero en las notas al disco, y plantea una selección de textos, poemas, performances, canciones y coplas que bordean los márgenes del género, casi siempre de manera tangencial -providencial-, y por ende, outsider.

Así, por la antología desfilan los versos de San Juan de la Cruz que recitaban monjes gitanos, versos pícaros del Carnaval de Cádiz y de la Semana Santa, coplas republicanas casi desaparecidas en la España franquista (pero rescatadas por los folcloristas de América Latina), versos y pregones de vendedores ambulantes, viejas canciones de zarzuela, transgresiones de algunos palos flamencos, piezas de Shostakovich o Manuel de Falla, o los versos del escritor Eugenio Noel, quien pasó buena parte de su vida despotricando contra el flamenco, los toros y la religiosidad popular, a quienes culpaba del atraso de España; y qué mejor manera de encauzar la pasión que poniéndose en contra, dijo Max Aub.

Ojo, que al hablar de heterodoxia cualquiera pensaría en Camarón de la Isla, Enrique Morente o Kiko Veneno, pero como bien indica Romero en sus notas, todos ellos “empezaron a disentir del canon con tanta lógica y tanto derecho que (su trabajo) ya era pertinente, necesario, y la heterodoxia entonces tenía su prestigio. Nosotros nos quedamos, sin embargo, con aquello que era resto, superfluo, excedente, aquello que se escapa muchas veces del camino ancho y recto que ha querido ser la religión del flamenco”.

Para la parte sonora, el Niño hizo mancuerna con uno de los productores más inquietos de la España actual, Raül Refree (Rosalía, Lee Ranaldo, Silvia Pérez Cruz), quien se encargó de diseñar cada selección de acuerdo a su particularidad “académica”: Así, echa mano de herramientas como la electrónica ambient, la música concreta, el collage sonoro y el glitch, mientras que otras selecciones obedecen a instrumentaciones más “clásicas”, sin perder los ejes que va trazando la curaduría.

¿Disco del año? Tal vez no. Pero sí el más ambicioso. Un disco para escuchar con calma, en casa, y siempre guiado por el booklet (Se puede descargar en su página web, pero con las páginas en desorden). Un disco irónico y travieso, pero fascinante. Un azote más al conservadurismo y la ortodoxia, no sólo del flamenco, sino de cualquier música popular. Si Rosalía lo hace desde el mainstream, el Niño prefiere hacerlo desde los discursos de vanguardia. Los dos, trabajos indispensables.